Refugio

Era redonda, de cristal. Se apoyaba sobre una pequeña base metálica para mantener el equilibrio. En su inerior un paisaje nevado. Dos muñequitos de plástico se besaban en el centro. Y, cuando la agitabas, toda la bola parecía llenarse de nieve.

Reposaba en una de las estanterías del salón. Observando cada instante de su vida, en silencio. A veces, cuando todo salía mal, se tumbaba en el sofá con la bola de nieve en su regazo y la agitaba hasta que quedarse dormida. Le gustaba imaginarse que estaba en su interior, disfrutando del paisaje nevado, protagonista de aquel beso perfecto... Y parecía suficiente.

Hasta que no lo fue. Hubo un día especialmente malo. Varios días, tal vez. Días en los que ella podía sentir como el aire se quedaba atascado en sus pulmones y hasta tumbarse en el sofá dolía. Días en loos que hasta sus brazos se quedaron sin fuerzas para agitar la bola de nieve. Y la necesidad de huir era cada vez mayor. Necesitaba volver a su refugio blanco. Pero nada bastaba, nada parecía suficiente.

Entonces ocurrió. Fue como un fogonazo, como un deseo cumplido. Cuando abrió los ojos, estaba dentro de la bola de nieve. Allí de pie, en medio del paisaje nevado. Sobre la estantería. Pero nada era como había creído que sería, La nieve, vista de cerca, no era más que pintura blanca. La pareja no se besaba, solo juntaban sus labios inertes. Y el cristal, el cristal era lo peor de todo. Convertía aquel refugio seguro en una cárcel. La dejaba sin oxígeno.

Asustada, lo golpeó con fuerza para intentar de salir de allí. Una y otra vez hasta que la bola acabó por caer al suelo. El que había sido su refugio durante todos aquellos años acabó así, hecho añicos sobre la alfombra del salón. Solo entonces comprendió que, en realidad, aquello nunca había sido más que una bola de nieve más. Y sonrió.





3 comentarios:

Maria Encarnacion Sanz Garcia dijo...

¡Que bonito! Estás rebosante de inspiración, ¡qué envidia! A mi el calor me fríe LA neurona y no soy capaz de escribir nada. :-)

Maria Encarnacion Sanz Garcia dijo...

¡Que bonito! Estás rebosante de inspiración, ¡qué envidia! A mi el calor me fríe LA neurona y no soy capaz de escribir nada. :-)

Sara dijo...

No te creas, María, que estar rebosante de inspiración no es lo mejor en mi caso... ;)