Mesa para dos




-Pareces distraída, ¿en qué piensas?
-Pensaba en que quiero pasar el resto de mi vida contigo, eso es todo.
-¿Y acabas de decidirlo ahora?
-          No es como si lo acabara de descubrir, en el fondo creo que lo he sabido desde que nos conocimos pero, es raro, justo ahora es cuando lo comprendo. No sé, es como si toda mi vida hubiera estado esperando a alguien. Estuviera con quien estuviera, siempre mirando a ambos lados, siempre buscando. Pero desde que estoy contigo esa sensación ha desaparecido totalmente. Como ahora, ¿ves? Estamos en medio de toda esta gente y ni siquiera puedo ver sus caras. Todo eres tú, hasta donde mi vista alcanza. ¿Qué pasa? ¿Por qué pones esa cara? 
-          Entiendo lo que dices y no creas que no lo aprecio, es solo que no puedo creer en esa idea romántica del amor para toda la vida. El planteamiento es imposible. Ningún cuerpo puede mantener su inercia si hay otras fuerzas actuando sobre él, por muy enamorado que esté. 
-          ¿Quieres decir que el amor es una fuerza? 
-          Quiero decir que todo es una fuerza. El amor lo es, pero también lo es el desamor. Las discusiones, los reproches, las mentiras. Todo actúa sobre la relación y la va frenando. Y, al final, termina por detenerla. 
-          ¿Quiere decir eso que no crees en nosotros?  
-          Creo en nosotros ahora. Es todo en lo que puedo creer. Creía que lo sabías.  
-          No, por supuesto que no.  
-          No puedo mentirte sobre esto, aunque sé que es lo que te gustaría escuchar. La gente se miente a sí misma la mayor parte del tiempo. Todos quieren creer que sus historias de amor son épicas, pero lo cierto es que no hay amores épicos: solo hay historias de amor que acabaron a tiempo.  
-          Odio que seas tan cínico…  
-          Y yo odio serlo. Me gustaría poder conformarme, como hacen todos. Estoy seguro de que sería mucho más feliz… pero no puedo. No sé.  
-          Creo que el problema es que sigues pensando en los demás, aún cuando hablas de nosotros. Puede que esas historias de amor no sean épicas para el mundo pero, ¿lo fueron para sus protagonistas? Con toda probabilidad. 
-          No sé qué decir, la verdad. 
-          Dime que me quieres, aunque sea mentira.  
-          Te quiero, no es una mentira. Quiero estar contigo. Ahora mismo, en este preciso instante, todo en lo que puedo pensar se encuentra localizado entre tu barbilla y tu nariz. Aún si me concentro en mí mismo, todo lo que encuentro eres tú. En cada poro de mi piel, como si estuviera sumergido en ti. Mi piel se ha acoplado, centímetro a centímetro, a la tuya y mi vida está tan próxima a la tuya que me declaro incapaz de diferenciarlas. No miento si digo que ahora, en este segundo exacto, moriría con toda probabilidad si tú decidieras marcharte. Pero no puedo saber qué sentiré mañana.  
-          Quizás el problema sea que sabes de sobra que no me marcharé. 
-          Sé que hoy no te marcharás pero, dime, ¿sabes si tampoco lo harás mañana? 
-          No lo haré.-          Quizás no esté mañana. Pero habrá otros. No puedes controlarlos todos. 
-          ¿Y acaso no te importa? 
-          Claro que me importa pero, dime, ¿qué podría hacer al respecto? Un día yo decidiré irme, o tú lo decidirás. Y entonces ninguno de los dos podrá hacer nada por evitarlo.  
-          Las cosas se pueden arreglar, a veces… 
-          No digas eso, ¿recuerdas lo que solías decir? ¿El por qué odiabas los finales? 
-          Porque son definitivos. 
-          No se puede arreglar algo definitivo, no tiene remedio. Se puede alargar, como haces con tus libros cuando no quieres que terminen. Puedes tardar semanas en leer el final pero terminas por hacerlo. Y el libro acaba exactamente igual que si lo hubieras leído en diez minutos. 
-          Vale, olvídalo, no debería haberte dicho nada. Acabemos la cena, ¿quieres? Eso es todo lo que puedo manejar ahora mismo.

4 comentarios:

celemin dijo...

No me gusta el final...
... Los finales...

Maria Encarnacion Sanz Garcia dijo...

¡¡Que bueno!! Me ha encantado, no tengo palabras.
Yo quiero escribir como tu, cuando sea mayor. :-))

Maria Encarnacion Sanz Garcia dijo...

¡¡Que bueno!! Me ha encantado, no tengo palabras.
Yo quiero escribir como tu, cuando sea mayor. :-))

Sara dijo...

A mi tampoco te creas que me gusta mucho, Celemin, pero es como acabó...

Muchas gracias, Maria!! =)