Ella


A veces ella es toda tuya. Encogida en la cama, con su pies de fuego bajo los tuyos de hielo. Con los ojos cerrados y la boca abierta. El cabello revuelto esparcido sobre la almohada y su respiración pausada cayendo sobre tu nuca. Sus brazos rodeándote y su vientre contra tu espalda. Como si no estuviera dispuesta a dejarte ir nunca.

Y a veces ella deja de pertenecerte. Se pinta los labios de rojo y sale a buscar cualquier barra de bar solitaria. Se sienta de lado y enciende un cigarrillo que apaga casi siempre en el acto, pide un whisky sin hielo que nunca se bebe y sonríe con picardía al camarero. A veces aparece un extraño cualquiera que la invita a otro trago. Y ella acumula copas repletas al borde de la barra mientras ignora los destellos que dentro de su bolso emite su teléfono móvil. Mientras ignora que tú la estás buscando porque ha llegado la madrugada y la cama siempre está fría cuando ella te falta.

1 comentario:

Carlos dijo...

Son tiempos fríos, y además los hombres grises pretenden congelar a este país el sentido de vivir.
Pero ella no les pertenece, ni al tiempo ni a ellos.
Calidad constante