Bailando bajo la lluvia


Me gusta poder verla así, saltando charcos despreocupada. Como si no hubiera nada más allá de sus botas de agua. Sonríe tanto que se empiezan a formar pequeñas arrugas en las comisuras de sus labios. Con el pelo revuelto y enredado cayendo empapado sobre su frente. Ni siquiera se ha percatado de mi presencia. Lleva el chubasquero azul que le regalé en su cumpleaños desabrochado. Su vestido se ha empapado pero no parece importarle. Sobre la acera descansa el paraguas rojo, cerrado. Y empieza a llover de nuevo, pero ella no lo recoge. Cierra los ojos y eleva la cara para llenársela de lluvia. Y baila como si una música invisible la rodeara. Baila y sonríe con más intensidad si cabe y, justo en ese instante, sé que es tan feliz que podría contagiar a toda la ciudad. Por eso corro a abrazarla y bailamos juntos bajo la lluvia. Ella me envuelve con su chubasquero y susurra en mi oído que todo va a salir bien. Y, por primera vez en mucho tiempo, la creo.

1 comentario:

Carlos dijo...

Y yo.
Creo firmemente en ella!

Ese charco es sistemas, rutinas, horarios, problemas, muros. presión, es el reflejo de este mundo, que con contundencia en cada salto transforma en un espacio único de esperanza y libertad.
Ella, ya con botas azules o con zapatos verdes, ya paraguas rojos, siempre logra vencer a los días grises ;)

De todos tus relatos, llamaré a este el relato, auna en el a todos los demás.

Grande!