Lo que soy


Llevo escribiendo desde que aprendí a hacerlo. No, en serio, no recuerdo ni un sólo día de mi vida en el que no tuviera en la cabeza una historia o una idea sobre la que quisiera escribir. Recuerdo que desde pequeña he guardado carpetas llenas de folios con relatos en casa. Después fueron carpetas en el ordenador. Al principio me daba vergüenza escribir y las escondía. Nadie sabía lo que hacía, ni siquiera mis padres. Un día participé en un concurso del colegio y lo gané. Eso me animó y pensé que quizás no lo hiciera tan mal. Más tarde llegó Internet y su anonimato hizo que me decidiera a abrir un blog. Gracias a aquello conocí a otras personas como yo, que escribían más por necesidad que otra cosa. Estuve mucho tiempo oculta bajo un pseudónimo hasta que me cansé y decidí que ya era hora de usar mi verdadero nombre. Empecé a compartir mi afición con la gente de mi entorno. Me presenté a algún concurso, publicaron mi nombre en alguna revista tras haberlos ganado. Llegué a salir hasta en la radio. Fui perdiendo el miedo. Fui aceptando que yo escribo porque es lo que soy, porque es lo que sé hacer y lo que me gusta hacer. Aunque, sinceramente, nunca he pensado que fuera a vivir de ello. Yo tengo mi profesión y, aunque me encantaría vivir de lo que me apasiona, tampoco podría dejar de hacerlo. No es una afición más, es una necesidad. Como respirar, como comer.

Hace unos meses una profesora de una escuela de Nueva York  se puso en contacto conmigo: quería que escribiera historias para sus alumnos. ¿La idea? Acercar la historia y la cultura de nuestro país a los estudiantes a través de nuestro idioma. Me apasionó desde el primer instante y empecé de inmediato una colaboración que a día de hoy lleva más de 50 relatos. Este otoño, durante mi viaje  tuve la oportunidad de realizar una visita en persona a la escuela, donde pude conocer a los chicos y charlar con ellos sobre mi trabajo. No hay palabras para describir lo que supuso para mí ese momento. Ser consciente de lo que influía en ellos lo que yo había escrito, la manera en que habían aprendido gracias a mis cuentos. Cuando un mes más tarde recibí los relatos que ellos mismos habían escrito basándose en mis historias no pude quitarme la sonrisa de la cara en todo el día. Hoy me encuentro mis historias publicadas (en ebook, vale) y muero de emoción. No os hacéis a la idea de lo que supone para mí esto. No sólo estoy escribiendo, estoy enseñando...y es la sensación más maravillosa del mundo. 




1 comentario:

Amanda dijo...

Enhorabuena! He estado un poco desconectada de la lectura de blogs y no me había enterado :O
Yo aún escribo con pseudónimo y entiendo perfectamente lo que dices. Para mí fue un gran paso que mi madre leyera mi blog. Con el tiempo espero poder abandonar definitivamente el anonimato, igual que tú :)
Un abrazo fuerte, Sara!