Hermanos

-Antes de que vuelva papá se habrán caído todas las hojas de ese árbol –le dice a la pequeña, señalando uno de los cipreses. –Mamá va a estar fuera una temporada, pero dentro de poco podremos ir a verla. Ya lo verás, cuando todo haya pasado, volveremos a estar los tres juntos y ni él ni nadie podrán impedirlo.

-Pero, ¿estás seguro de que no va a poder levantar esa piedra?- pregunta asustada la niña, con la mirada clavada en la lápida.

-Te lo prometo.

2 comentarios:

Pedalier dijo...

Esta entrada puede sugerir tantas cosas como pensamientos que se nos pueden ocurrir en la tranquilidad de un cementerio.

Es curioso que en el mismo día que yo me acuerdo de tí en mi último post, tú también publiques una nueva entrada. Qué casualidad que hayamos coincidido en publicar cuando últimamente no estamos muy prolijo.

Nos leemos.

Carlos dijo...

Nunca una promesa reunió a la inocencia con la rotundidad, al amor con el odio, a la infancia con la realidad, en las palabras de un niño, como en este relato.

Retumbaron por el mundo, como el sonido de tantas voces silenciadas cruelmente.

Brillante