Sally

Ocultaba su diastema con la lengua al sonreír. Se avergonzaba de aquella separación entre los dientes más que de ninguna otra cosa. Eso era lo maravilloso que tenía: encontraba defectos donde otros solo veían belleza. Por eso era tan especial, porque Sally no tenía ni idea de lo increíblemente sexy que resultaba verla reír.


De todas las fotos que aún conservo, solo en una se puede ver su dentadura. Saqué aquella polaroid cuando ella aún dormía. Con la boca abierta y el pelo enmarañado, una Sally de quince años aparece entre sábanas revueltas abrazando la almohada. No volví a verla igual y nunca conseguí otra foto como aquella. Sally era así: no tropezaba dos veces con la misma piedra. De aquella polaroid aprendió a cerrar con llave la puerta de su dormitorio y ya nunca más conseguí colarme a hurtadillas para verla dormir.

Así era Sally, como un tornado. Antes de que pudieras darte cuenta, estabas completamente dentro de ella… y tan siquiera lo notaba. Sally era despreocupada y ajena a sí misma. Nunca fue consciente del efecto que causaba en los demás. Se veía a sí misma como una chiquilla anodina y sin gracia. Solía quejarse continuamente de su cuerpo. Quería ser más alta, menos voluptuosa. Era como Brigitte Bardot pretendiendo ser Audrey Hepburn. Sally quería ser todo lo que no era y todos los demás solo queríamos ser ella.

Yo siempre supe que iba a acabar mal. Las chicas como Sally no podían terminar de otra manera. No estaban hechas para convertirse en adorables viejecitas con los dientes separados. No, las chicas como Sally estaban hechas para ser recordadas entre lágrimas, con toda su juventud perdida, con toda esa vida que podrían haber tenido. Las chicas como Sally aparecían en las fotos de anuario en blanco y negro que se colgaban en los postes de la luz con la palabra desaparecida escrita debajo.

Por eso hice lo que hice y solo Dios sabe lo poco que me arrepiento. Yo hice de Sally una leyenda, una historia. Le di el final que merecía, solo eso. Sin mí, Sally hubiese terminado pudriéndose en vida. Ella no estaba hecha para casarse, ella no había nacido para tener hijos o nietos. Salvé a Sally de la única manera que podía salvarse a una chica así, a los diecisiete años, cuando su belleza era perfecta. Para cuando encontraron el cuerpo, su rostro era famoso en todo el estado. Solo lamenté que la encontrasen en ese estado, tan descompuesta… porque juro que nunca volví a ver un cadáver tan hermoso.

11 comentarios:

la chica de los lacasitos dijo...

Bastante impactante.
Nadie merece ese final, ni siquiera Sally... habría merecido envejecer, quizá no como esa adorable ancianita, pero sí envejecer... sin más.

Impactante.

Escribes que da gusto, joder.
Te lo habré dicho mil veces
pero es así

Bella.

mlle.Chen dijo...

no siempre es bueno intervenir, y menos de esa forma :)

La chica del abrigo rojo dijo...

Guau... increíble giro de la historia.
Me encanta cómo escribes... Un saludo

Dara Scully dijo...

¿qué fue de tu sonrisa, Sally?
igual habría sido una viejecita adorable, pese a todo.


(cómo me gusta leerte cuando hay silencio y se estancan las horas en medio de la noche)

Chica del espejo dijo...

Joder.

Me has dejado un poco anonadada. He leído historias hacia atrás, para poder seguir lo que contabas.

Pero sí, estoy con la chica de los lacasitos, habría sido genial ver su sonrisa de anciana.

Aunque en realidad la vida da giros que jamás esperamos.

(Te sigo, cuando el blog me lo permita... debe estar en huelga)

Sara dijo...

Qué duro ese final, Sara, es un giro impactante!!
Me encanta tu forma de retratar a los personajes, les das un toque muy personal.

Un saludo

Lesly Andunce Low dijo...

Me gusta mucho como te transformas para contarnos estas historias.

No me esperaba el final.
J'adore!

Carlos dijo...

Frente a la belleza de tu relato la crudeza de una realidad que no termina en el punto final, sino que desgraciadamente continúa sin que sepamos ponerle freno.

Desvelas sus miserias mientras él desde su pedestal salva Sallys. Un relato que nos contagia de sus gritos en el silencio, del impacto de un final que nos dice lo mucho que queda de lucha en esta guerra.

Un abrazo!

Pedalier dijo...

Muere joven y tendrás un bonito cadáver.

Un placer que te pasees de vez en cuando por mi blog.

Nos leemos.

Maat dijo...

Jojojo... Muy bueno, Sara!

Con la dulzura que suele caracterizar tus textos, ni se me pasó por la cabeza cómo iba a acabar la cosa.

En serio, muy bueno =D

Un abrazo

AdR dijo...

Y voy yo, iluso de mí, y copio esta frase como la que más me ha gustado:

"Quería ser más alta, menos voluptuosa. Era como Brigitte Bardot pretendiendo ser Audrey Hepburn. Sally quería ser todo lo que no era y todos los demás solo queríamos ser ella. "

Pero es que luego, al seguir leyendo, es para copiar todo el texto y enmarcarlo. En serio, mejoras a marchar forzadas.

Espero que tú no tengas una polaroid en casa. De momento, yo no tengo los dientes separados.

Besos.