Ella

Era pequeña y débil, de forma redondeada e inconsistente. Caminaba tambaleándose o se dejaba escurrir hasta llegar a cualquiera que fuese su destino. Le gustaba deshacerse al contacto con la piel y dejar un rastro de sí misma a su paso. Sonreía cuando lograba provocar un cosquilleo y se sentía pesada cuando caía silenciosa en el olvido.

Era transparente, inodora, de sabor salado, tacto acuoso y sonido leve. Podía percibirse con los cinco sentidos si alguien se tomaba la molestia de hacerlo. Vibraba antes de desaparecer y estallaba en un brillo intenso que apenas era perceptible durante unas milésimas de segundo. Nacía del dolor más hondo, de la alegría más irracional, de la melancolía más incomprendida, de la impotencia, de la desdicha, de una emoción o de un simple recuerdo. Se dejaba ver en despedidas, en encuentros, en rupturas, en soledad, en silencio… Prefería salir cuando la intimidad pesaba en el ambiente y acompañarse de quienes, como ella, tenían la tristeza por profesión y el desahogo por vocación.

A veces se deleitaba humedeciendo los labios rosados que se interponían entre ella y su destino. Los acariciaba con su tacto de agua y los regaba con su salino sabor. Otras, prolongaba su desembocadura para poder observar detenidamente el precipicio al que se encaminaba. Le gustaba, sobre todo, cuando era ella la única aventurera del recorrido. Cuando la habían dejado marchar en un descuido, más silenciosa que el silencio y más solitaria que la misma soledad. Contemplaba el mundo desde su privilegiada posición, donde la verdad se hacía evidente y no había sentimiento capaz de ocultarse a su mirada. Era entonces tan poderosa como quisiese ser, tan mágica como invisible. Arrojarse al vacío después de aquello era revivir. Se lanzaba sin miedo, sin temblores ni destellos. No la hacía falta embellecer lo que, de por sí, ya era bello. Caía con gracia, con energía y dulzura. Luego era difícil olvidarla. Dejaba en el alma el peso de su caída hasta el amanecer. Su recuerdo se ponía de manifiesto al caer la noche, el momento en que los sentimientos arrojan sus disfraces al suelo y se dejan sentir tal y como han sido concebidos. Ella se escabullía entre ellos para dejarse admirar, reconocer su proeza. Ellos la observaban fascinados y la dejaban disfrutar el privilegio de ser protagonista en aquel alma desnuda.

No tenía familia, no tenía amigos ni recuerdos propios. Se alimentaba de los sentimientos ajenos para ejercer su trabajo. Prestaba sus emociones a quienes las precisaban y nunca dudaba en acudir a la llamada más inusitada. Sin fuerza física, era más fuerte que cualquiera de nosotros, pues su simple presencia derrumbaba al más valiente. Había estado en todo tipo de mejillas, en todo tipo de lugares. Había sido llorada por todas las causas posibles, en mentiras y verdades. Era más antigua que la palabra escrita, más conocida que el silencio.

Dormía en los ojos y por ellos conocía el mundo. Las retinas le contaban sus viajes, sus vivencias. Había ido recopilando un sin fin de anécdotas a lo largo de su eterna trayectoria. Había visto llorar a Emperadores, a Reinas, a científicos, a escritores, a campesinos, a labradores, a gente humilde y a gente con grandes aspiraciones.

Ella mejor que nadie conocía a la igualdad. Sabía que nadie afrontaba de un modo racional el peso del llanto en el alma. Sabía que hasta el más sensato, terminaba dejándose llevar por sus emociones.
Sus pasos por mejillas ajenas tampoco entendían de sexos, de razas, religiones o edades. Pisaban mejillas indistintamente y el camino nunca era mucho más diferente que el anterior. Para ella, el llanto era una actividad básica del ser humano y se sentía privilegiada de poder compartir aquellos momentos de intimidad con él.

Ella no escuchaba, no ofrecía consuelo, no solucionaba problemas ni acababa con los miedos. Ella simplemente aparecía, se dejaba escurrir y se iba. El alivio era leve, pero existía. Su trabajo era simple, era primitivo, básico y necesario.

Era una lágrima.

9 comentarios:

La chica de los calcetines de colores dijo...

Diosdiosdios!

bixitoluminoso dijo...

Cuando he leido que era una lagrima... me has sorprendido de verdad...

me gusto!

Verónica (peke) dijo...

Me ha encantado el juego de palabras y los similes perfectos para definir a una lagrima...

besotes de esta peke.

pd. te espero por mi rincon con tu taza de cafe, siempre que quieras...

AdR dijo...

Algo me olía conforme iba leyendo, pero aunque no me haya sorprendido del todo por el final... he disfrutado viendo todo lo que eres capaz de hacer con sólo pensar en describir la visa de una lágrima.

Tu lectura es... altamente recomendable para que uno abra su pecho y deje entrar tu ternura dentro.

Besos :)

la chica de los lacasitos dijo...

JODER
eres enorme,
lo sabes?

''no solucionaba problemas ni acababa con los miedos''

celemin dijo...

Una cerveza... en que estaría pensando yo.... :-)

Carlos dijo...

De una gota de sal extraes un océano de dulzura.

Nunca una lágrima contuvo tanto en su interior ni venció al destino perpetuándose en su coraza de cristal en forma de relato.

Genial una vez mas. Un abrazo!

patri dijo...

Me ha encantado! cuánta igualdad en una lágrima...

guillermohector dijo...

g.e.n.i.a.l