Lo que he aprendido

Sé la persona que te gustaría conocer. Dedica tiempo a estudiarte, a comprenderte, a reconocerte. Aprecia tus virtudes, analiza tus defectos y, si algo no te gusta, cámbialo. Evoluciona. Madura. Crece. No permitas que nadie te etiquete. Quiérete. Aprende a decir que no. Pierde el miedo a decir sí. Arriesga.

No permitas que los finales te dejen sin principios. Acepta que todo acaba, que incluso tú lo harás algún día. No hipoteques tu futuro para tratar de salvar tu pasado. No encierres tus posibilidades tras el muro de tus desengaños. Nunca dejes de intentarlo. No tengas miedo a perder porque entonces es cuando lo perderás todo.

No te aferres a nada que no puedas llevar en tus bolsillos. Que todo lo que se pueda pagar ya lo venderán en alguna otra parte. No te ates a un lugar ni a una idea. Que lo que otros esperan de ti no se convierta en tu prisión. Toma tus propias decisiones. Responsabilízate únicamente de tu propia felicidad. Ve donde quiera que te lleven tus pasos. Que lo que de verdad importa, lo único que importa, caminará contigo.
 
Atrévete a dar ese paso. No esperes a que la vida sea quien te empuje, que siempre es más dura una caída que un salto. Pero, si tienes que caer, aprende. De cada golpe, de cada herida. Aprende a ponerte en pie y a empezar de cero. Aprende que a veces un final es el único principio posible. Aprende a reconstruirte, a coserte las heridas. Aprende que eres quién eres por todo lo que has ganado, pero también por todo lo que has perdido. Y que, con el tiempo, entenderás que no tener ni un rasguño es la peor de las derrotas. Porque todo lo que importa deja huella, nos araña, nos rasga hasta penetrar en nuestra piel.

Permanece alerta. Si tus días empiezan a parecerse demasiado los unos a los otros: huye. Y huir no significa necesariamente irse. A veces se puede escapar y permanecer. Que es más una cuestión de actitud que de movimiento.Y sé que lo que digo no es fácil. Que da miedo, que resulta incierto. Que es como pedirte que saltes al vacío con los ojos vendados. Que es arriesgado. Y sí, claro que lo es. Lo seguro, lo cierto, lo fiable es lo que tienes. Ya sabes cómo son tus días. Conoces tus rutinas. Tus tristezas, tu resignación. Conoces el recorrido exacto que hacen tus lágrimas al caer. El punto justo donde comienza a oprimirte el pecho la angustia. Puedes quedarte exactamente donde estás. Seguir siendo soportablemente infeliz el resto de tu vida, si es lo que quieres. Si es lo único que te atreves a ser.

2 comentarios:

Juan Luis Galán Olmedo dijo...

Gracias Sara, como siempre. Un beso.

Juan Arias dijo...

En cierto modo me identifico con el texto y, lo creas o no, hasta me va a ayudar a tomar algunas decisiones :-)