Distopías


"Nosotros" de Yevgeni Zamiatin (1921)


Escrito en forma de diario por D-503, uno de los matemáticos encargados de construir la Integral. La historia comienza cuando el Bienhechor  propone que se realicen obras que reflejen la magnificiencia y hermosura del Estado único, con el fin de llevarlas a bordo de esta nave y así someter al bendito yugo de la razón todos aquellos seres desconocidos que pueblen los demás planetas y que tal vez se encuentren en el incivil estado de la libertad.

"Un mundo feliz" de Aldous Huxley (1931)

La historia comienza con una visita de un grupo estudiantil al Centro de Incubación y Condicionamiento de la Central de Londres. En este lugar se producen seres humanos en cadena.
Los protagonistas de la historia serán dos trabajadores de este centro: Bernard Marx, un alfa-más cuyo inconformismo le lleva a sentirse continuamente fuera de lugar  y Lenina Crown, una beta-menos superficial, perfectamente adaptada y feliz.

"1984" de George Orwell (1949)

Narrado en primera persona por Winston Smith, miembro del Partido y trabajador del Ministerio de la Verdad, la historia se desarrolla en el contienente conocido como Oceanía, sometido a una dictadura totalitaria cuyo máximo exponente es el Gran Hermano.


A partir de este punto, es posible que desvele partes de la trama de estas novelas. Aconsejo leer estos tres títulos antes de continuar leyendo. Si has llegado hasta aquí atraído por el título, además, disfrutarás enormemente al hacerlo. 


Pese a estar ante tres novelas pertenecientes a un mismo género, cada una de ellas presenta elementos imprescindibles y diferenciadores. No sólo se trata de lo que une a estas novelas, una clara y reconocida inspiración por parte de Orwell y otra dudosa, aunque sospechosamente probable, por parte de Huxley en la novela del autor ruso, sino de lo que las distingue. Creo que la finalidad de los tres autores es advertir a la sociedad de algo, utilizar el futuro como medio para hablar del presente o, siendo más exactos, sobre a qué nos conduce el presente.

Personalmente, considero más posible la sociedad planteada en Un mundo feliz. Pese a que considere 1984 el mejor de los tres, creo que una sociedad basada en el odio y en la represión como la que nos plantea Orwell sólo es sostenible a corto plazo. De hecho, bajo mi punto de vista, esta novela es un reflejo de nuestra sociedad actual. Y opino, o quizás sólo tenga la esperanza, que una situación como la descrita acabaría estallando. Sin embargo, Huxley nos propone el control basado en la felicidad. Los individuos dispuestos a rebelarse en esta sociedad aparentemente utópica son escasos, más aún si la inteligencia se limita desde la concepción. Es, eso sí, una sociedad muy lejana. Actualmente nos encontramos muy lejos de que algo así sea factible, aunque me parece revelador que Huxley considere la industrialización como detonante de su distopía. Tal vez el nuestro sea el consumismo fruto de esa industrialización, quién sabe.

La sociedad de Zamiatin es tal vez la posibilidad a medio plazo. Un híbrido entre esa felicidad prefabricada de Huxley y la represión de Orwell. El individuo no sólo no se rebela, sino que concibe como salvaje e irracional todo lo que se salga de sus estrictas normas y horarios. La felicidad no se consigue a título individual, sino colectivo. El reto es conseguir que el individuo se sienta parte de ese colectivo, que se interprete como un número más.

La autoridad aparece representada en las tres novelas por una única entidad  Zamiatin nos propone una sociedad liderada por un individuo, conocido como el "Protector". Esta figura es similar a la del "Gran Hermano" creado por Orwell, un líder omnipotente y poderoso pero lejano y distante al mismo tiempo. En Un mundo feliz nos encontramos con la figura de Ford, padre de las cadenas de producción modernas. Pese a no aparecer directamente en la obra, es presentado como una especie de deidad, apareciendo su nombre en expresiones comunes como "¡Por el amor de Ford!".

El argumento base de las tres obras es muy similar. En los tres casos el protagonista, masculino, sufre una crisis existencial. Un suceso o detonante le lleva a cuestionarse la realidad. Tanto en 1984 como en Nosotros,  este detonante es una mujer. En la novela del escritor ruso, nos encontramos con I-330, una mujer inteligente y cautivadora que conquista al protagonista con fines poco claros. Sin embargo, la Julia de Orwell es mucho más inocente. Sus motivos son puros y obedecen a intereses románticos, no estratégicos. Aunque, en ambos casos, es la mujer quien dirige al protagonista y lo induce a quebrantar las normas.
En Un mundo feliz este detonante es algo más complejo y no se encuentra acotado en el tiempo como en los casos anteriores. A Bernard Marx es  su inteligencia, claramente superior a la media, lo que le impide conformarse y le lleva a replantearse todo.

La sexualidad es otro de elemento clave de estas distopías. Tanto Nosotros como Un mundo feliz coinciden a la hora de liberar el sexo, utilizándolo como una especie de pasatiempo. En la sociedad infantil de Huxley, el sexo es libre y fácil, despojado de toda responsabilidad o afecto. Zamiatin idea un sistema basado en suscripciones gestionadas por el Estado mediante billetes rosas que conceden a los amantes la oportunidad de cerrar las cortinas de sus apartamentos de cristal durante el acto. Orwell, sin embargo, nos plantea el sexo como un servicio ingrato dedicado a concebir nuevos militantes del Partido. De hecho, en la novela aparece un movimiento denominado "Liga Juvenil Antisex" cuyo objetivo es promover la castidad y la pureza.

Relacionado directamente con el uso que se da a la sexualidad en cada una de estas sociedades, se encuentra el control de la natalidad. Mientras que en 1984 se sigue procreando a la manera tradicional, .
En Nosotros los hijos son sustraídos en el mismo momento del nacimiento, siendo educados por el Estado y desprovistos de todo vínculo familiar.

Huxley va aún más lejos y propone una industrialización del proceso. Los individuos son creados en una cadena de montaje, se prescinde por completo del concepto "familia". Ni siquiera existe la figura materna. Quizás lo más llamativo del proceso sean los grupos Bokanovsky, individuos procedentes de un mismo óvulo y físicamente idénticos. Esta característica se da únicamente en los miembros de clases inferiores, Gammas, Deltas y Epsilon, siendo los tan sólo los Alfas y Betas genéticamente variados. Este sistema de castas determinará, además, todo el desarrollo del feto. Acorde a su posición en la pirámide social, serán educados y criados de una u otra manera. 

La colectivización del individuo es, quizás, el elemento clave y mayor nexo de unión entre las tres obras. Zamiatin lo deja claro en su novela desde el principio, ya que el título responde a esta idea. En Nosotros el individuo ha desaparecido y, con él, todo rastro de privacidad o independencia. Las viviendas de cristal exponen a cada número, así se denomina a las personas en esta distopía, al escrutinio del resto. Cada minuto del día se encuentra minuciosamente detallado en la Tabla de las Horas , incluídas las dos horas de asuntos personales fijadas invariablemente de 16 a 17 y de 21 a 22 horas que el protagonista espera que algún día desaparezcan y puedan ser integradas en la fórmula general.

Huxley nos plantea una sociedad colectivizada por jerarquías sociales. Mientras se presenta a los estamentos inferiores como una masa uniforme e indiferenciada, los miembros superiores de la pirámide social sí se encuentran diferenciados entre sí. 

Para reflejar este concepto en su obra, Orwell recurre al uso de los uniformes. Los grises uniformes de los miembros del Partido son presentados a lo largo de la novela como un medio para despojar al individuo de toda personalidad posible. Uno de los actos rebeldes de Julia consiste, de hecho, en quitarse el uniforme y ataviarse con ropas más femeninas. 

Aunque los uniformes son claves en este aspecto, la novela va más allá. Los edificios de cristal de Zamiatin son reinterpretados por Orwell en forma de telepantallas, unos artefactos presentes en todo edificio público y vivienda que se encarga de transmitir los mensajes del Partido y de vigilar a sus miembros con el fin de detectar cualquier posible crimental, delito perseguido por la Policía del Pensamiento. De hecho, es probablemente el único delito posible en la sociedad de 1984

Otra similitud entre las tres novelas es la aparición de un lugar, una localización en la que el protagonista puede sentirse relativamente libre. En Nosotros este lugar es la "Casa Antigua". Para Huxley es "La Reserva" y para Orwell el apartamento que Winston alquila. Tanto Huxley como Zamiatin plantean, además, la existencia de sociedades ajenas a las representadas en sus obras. En Nosotros es una posibilidad que existe más allá del Muro Verde y en Un mundo feliz una certeza ubicada en la Reserva de Malpaís. Orwell, por el contrario, divide el mundo en tres continentes (Eurasia, Oceanía y Estasia) cuyas sociedades, si bien distintas, cuentan con cuantiosas semejanzas. 

Claramente inspirada en "la máquina del Protector" de Nosotros, se encuentra la temida "habitación 101" de Orwell aunque su finalidad no puede ser más distinta. Si en la novela de Zamiatin el castigo por la traición es la muerte, en 1984 se propone algo diferente. Al Gran Hermano no le basta con el castigo físico, su poder va más allá y lo que realmente se busca en el Ministerio del Amor es lograr la sumisión total del individuo, conseguir que el propio traidor acoja libre y voluntariamente el dominio del Gran Hermano.

Otra similitud es esa Tabla de las horas que el protagonista de Nosotros practicamente idolatra, fácilmente identificable en  los tres lemas del Partido que aparecen repetidamente a lo largo de 1984

Independientemente de la multitud de elementos que puedan unir estas tres novelas, creo que lo que realmente merece la atención y reflexión del lector son los elementos que las diferencian. Esos son sus puntos fuertes y los que hacen de cada una de ellas sea única. En definitiva, tres magníficas e imprescindibles obras de obligada lectura en las que la inspiración juega un papel determinante pero no decisivo.


Si te interesa el tema, hay una segunda parte de este artículo disponible.

5 comentarios:

danibishop dijo...

"Nosotros" me la recomendaron hace poco y las otras dos me las leí hace mucho. Coincido en que "Un Mundo Feliz" es mejor obra aunque "1984" es más emblemática, supongo que porque la relación histórica es más evidente con lo sucedido en la Unión Soviética.

Aparte de las comparaciones entre las obras y los distintos planteamientos distópicos, he echado en falta alguna comparación entre las interpretaciones que se han hecho de las obras por parte de posturas políticas. Es muy curioso, por ejemplo, que se haya argumentado tanto contra el comunismo aduciendo que llevaba al mundo a un futuro como el de "1984" por la intención crítica de Orwell en el origen, pero que no se hayan esgrimido tan reiteradamente algunos argumentos basados en la misma obra o en las otras contra los regímenes de aparente libertad que pueblan el plantea desde hace décadas.

Parece muy modernito compararlo todo con 1984, pero casi nadie entra en el fondo del asunto; en la corrección de la historia, en la ausencia de espíritu rebelde, en la mentalidad de esclavo "porque es lo que hay..."

También se me ha venido a la cabeza el relato de "Sueñan los androides con ovejas eléctricas" que, si bien no es tan claro exponente de la distopía, si añade componentes tecnológicos, apáticos y religiosos que podrían llenar algunos huecos de las obras que comentas.

Me ha gustado mucho el post, por cierto :P

Sara dijo...

Has señalado bien lo que falta en el post, de hecho era un asunto que pensaba tocar pero finalmente he decidido que es una parte que requiere de post propio. Para que un modelo distopico funcione es necesaria una figura autoritaria sí, pero también unos ciudadanos sumisos que acepten la realidad tal como les llega. Quiero escribir algo más elaborado comparando los regímenes políticos conocidos con estas distopías, pues creo que el comunismo de ruso en que inspiró a Orwell tiene tanto de comunismo como de democracia la que vivimos ahora. Sería interesante, aunque mucho más trabajoso que escribir una simple reseña comparativa de estas tres obras. Dame tiempo ;)

Carlos dijo...

Reconozco cuando vengo a comentar que carezco de un conocimiento a la altura de las circunstancias.
Pero lo que no puedo negar es que aprendo siempre leyendo tus post y comentarios. Una especie de ágora este lugar en donde cada tema aporta la fiabilidad de una documentación contrastada. Y es un trabajo que agradezco de veras.

Leyendo el post creo que el primer libro parte de los números hacia la razón y a partir de ella la expansión universal; ¿capitalismo? Un mundo feliz se basa en la producción que gestiona un control y determina la lógica de que las cosas son así, una verticalidad cuasi fascista. Y Orwell de la represión hacia el miedo y con este el poder que bien podría ser ¿comunismo?
A grandísimos rasgos y muchísima osadía por mi parte este esquema, pero lejos del egocentrismo occidental, tenemos también una sociedad de castas hindú, de números nipones y de control islamista, y quedando sin nombrar las inmensas bolsas de los que aun buscan pertenecer a un mundo, de llevar un uniforme.
Creo que el mundo distópico en los parámetros en que el mundo actual se mueve terminaría autodestruyéndose en guerras distópicas, otras más que acabarían en los libros de Historia.

Mas que un post un artículo, otro más, genial

Nerea Riveiro dijo...

Te he de decir que me estoy leyendo el de 1984! Así que ya te diré como está. Un besazo :):)

Maria Encarnacion Sanz Garcia dijo...

¡¡Ayyyy!! Como me deprimo cuando leo tu blog...
¡¡¡Jajajajajaja!! Es broma, me encanta, escribes genial y me das mucha envidia sana, ojalá yo escribiera la mitad de bien que tú.
Nosotros no le he leído, 1984 y Un mundo feliz, los leí hace unos 30 años, hace tiempo que tenía ganas de volverlos a leer y este post ha aumentado esas ganas, así que me pondré a ello.
Un abrazo y que te traigan muchas cosas los Reyes Magos.