Verde (El principio)

Y allí estaba, entre mis manos temblorosas, esperando a que mis nervios se calmasen... pero aún no diré de que se trata. Me siento en la obligación de empezar esta historia por el principio. Como siempre debió ser.

Nunca le gustó la idea de tener un nombre fijo. Le aburría tener que ser siempre la misma porque ella era, cada vez, una persona diferente. La misma forma en distinto fondo. Según su estado de ánimo se sentía de una manera... pero nunca, jamás se sentía igual.
Por eso, un día, cambió. Como todos los días en los que ocurren cosas excepcionales, se trataba de un día cualquiera. Los mismos horarios, las mismas tareas, los mismos lugares y las personas de siempre... pero ella se sentía Verde y, por ese motivo, decidió que ese sería su nombre.

Cuando te encuentras con un conocido y le dices que hoy te llamas Verde, te mira como si estuvieses loca y te sigue llamando como se supone que debes llamarte. Es frustrante. Supongo que, por ese motivo, acabó otorgándose a sí misma un día de descanso de la rutina.
Fue a un parque. Un parque que, para su gusto, resultaba terriblemente triste sin niños. Todos estaban en el colegio pero eso era algo que a Verde no le importaba. Nadie debería ver un parque sin niños. Carece de alma.
Se subió en el tobogán. Era un columpio fascinante. Tenía unas escaleras y una casita de madera encima, como si de un refugio se tratase. Espero encontrarse algún niño agazapado allí dentro, un niño rebelde que había escapado del colegio para darle un poco de alma a aquel parque vacío pero allí no había ningún niño. Allí solo había un papel doblado, tirado en el suelo.
Verde cogió el papel y lo abrió con cuidado. Era una hoja de cuadros, arrancada de algún cuaderno. Tenía un dibujo pero no uno cualquiera. Era un retrato. Era el retrato más hermoso que Verde había visto nunca. Y ella era la retratada.
Bajó del columpio de un salto, sin soltar su retrato. Buscó con la mirada. Nadie. El parque seguía vacío pero, en algún momento, alguien había acudido allí y había dejado en el tobogán un retrato suyo. Con el jersey rojo que llevaba, con el cabello recogido detrás de las orejas y una tristeza infinita en la mirada, como segundos antes, cuando había contemplado la soledad del parque.

- Pareces más alegre en persona.- dijo una voz a su espalda.

Verde se giró sobresaltada. La voz tenía dueño. Era un chico, no mucho mayor que ella. Vestía con vaqueros y sudadera, tenía el cabello revuelto, los ojos brillantes y una sonrisa traviesa que se torcía en sus labios, como si se escurriese por su barbilla. Sostenía un cuaderno de tapas naranjas, con un lapicero atrapado entre las anillas. La observaba con detenimiento, como un artista analiza su obra. Luego, sin decir nada más, empezó a caminar.

- ¿Quién eres? - preguntó Verde, mientras le seguía.
- Soy el autor de tu retrato. Y tú eres la chica del dibujo.
- ¿Cuándo lo hiciste?
- La semana pasada, no recuerdo bien el día. Ven, siéntate aquí. Creo que tienes demasiadas preguntas y caminar no es el mejor modo de conversar.

El dibujante se sentó en un banco y hizo un gesto a Verde para que le imitase. El banco estaba prácticamente al final del parque y daba a una autopista. A Verde le sorprendió que el chico, en vez de sentarse mirando hacía el parque, se colocase al revés.

- Me gusta ver los coches pasar. - dijo él, como si hubiese leído su mente - La mayoría de esas personas no saben dónde van pero cogen su coche cada mañana, fingiendo ser más poderosos que el destino. Es curioso, ¿no crees?
- ¿Cómo te llamas?
- Es curioso que tú me preguntes eso. Llámame como quieras. No se trata de cómo me llamo, sino de quién soy. Y ahora mismo soy, simplemente, el autor de ese retrato que sostienes entre tus manos con tanta fuerza. ¿Te gusta?
- Sí, mucho. Es precioso. Pero, ¿cómo pudiste dibujarme sin conocerme?
- Te conozco. Ahora mismo, lo estoy haciendo. No importa cuando lo hagas, la cuestión es hacerlo.
- ¿Insinúas que me vistes antes de conocerme?
- No, yo nunca insinúo. Yo respondo con realidades. Y, sí, te dibujé antes de conocerte... porque, tarde o temprano, te conocería. Es simple.

Verde se apartó el cabello de la cara, estiró las mangas de su jersey, perdió la mirada entre los coches, tratando de ocultar que estaba nerviosa. Que, de un modo incomprensible, todas aquellas locuras que su dibujante sin identidad decía le resultaban terriblemente ciertas.

- Enséñame a hacerlo.
- Sabes hacerlo, pero nunca lo has intentado. Todos podemos hacerlo porque todos tenemos un destino.
- Entonces, ¿por qué nadie lo hace?
- Porque nadie quiere conocer su destino. Le temen. Prefieren pensar que pueden cambiar su final, que pueden elegir.
- Y, ¿no se puede? ¿Estamos condenados a vivir una historia que ya está escrita?
- No, claro que no. No todo está escrito. El destino se va escribiendo a medida que nosotros avanzamos. Pero es difícil de creer, nadie se arriesga a intentarlo.
- Yo no sé dibujar.

El dibujante se queda mirando a Verde con ternura. Coge una piedra del suelo y la arroja al vacío. Sonríe. Luego, coge su cuaderno y lo pone entre sus manos. Saca un bolígrafo azul de su bolsillo y se lo tiende.

- Inténtalo.

Verde abre el cuaderno. La primera hoja está arrancada y Verde, imagina que de ahí salió su retrato. Destapa el bolígrafo y lo apoya sobre la hoja. No lo mueve. No sabe qué dibujar. Cierra los ojos. Respira hondo. Sus manos se mueven. Dibujan. Pintan lo que su subconsciente dicta. Abre los ojos.

- Es perfecto.

Verde mira su dibujo. Dos monigotes sentados en lo que parece ser un banco. Enfrentados, cogidos de la mano.

Y allí estaba, entre mis manos temblorosas. Un par de segundos más tarde. Yo ya no era la misma. Era Azul, como el bolígrafo que había dibujado ese momento. Él me cogía con firmeza, sostenía mis nervios y los calmaba con su mirada, que penetraba en mis ojos y llegaba hasta mi alma. Me regaló aquel cuaderno de tapas naranjas, me besó suavemente los labios y me dijo que, algún día, volveríamos a vernos.

5 comentarios:

мαяια dijo...

¿Será que Verde no me dejó verdadera huella hasta que no leí esta parte? Ahora no podría saberlo con certeza... pero tal vez fuese así. Esta parte, además de contar con la presencia de Verde, cuenta también con el chico que hace que ella se convierta en quien es en las partes anteriores y, no sé, tal vez... al ver que hay dos personas así, me sea más fácil creer en que puedan existir y que, cualquier día, en un parque sin niños vengan a pintar de colores mi destino...

Creo que sí, que este comienzo tiene la culpa de todo ;)

P.D. Sip, Raquel está con el hombre que, tiempo atrás, fue el primer amor de Laia (que no Laila) xD

Virginia Vadillo dijo...

Me encanta esta historia de colores. Aunque estoy en total desacuerdo con que todo está escrito. Más bien, como le dice el autor del retrato, las cosas se van escribiendo. En una de las partes anteriores Verde decía que el destino no se puede cambiar. Yo creo que las cosas cambian si tú quieres que cambien. Tú tienes el boli y el cuaderno, puedes hacer el dibujo que te de la gana... Aunque muchas veces te crees que son otros los que dibujan por ti, es más cómodo... Es curioso, el tema del destino...
Un beso!

Dara Scully dijo...

Y Verde empezó a pintar destinos y a convertir en Naranjas a Javishoyysiempre.
Encantadora.


Un miau grande, señorita escritora.

Rafa dijo...

Sara, lei lo del concurso y simplemente no me atrevia a concursar, no me veia en el derecho de hacerlo, pq te leo desde hace poco y vi q tienes mucha gente q te sigue desde hace mucho ...

Pero esta historia no me dejo indiferente, me surgieron dudas q no se bien si las dejaste asi queriendo o si algun dia seran resuesultas en otro relato ... aun asi la simpleza de los relatos y el ambiente en el q te envuelven, me parecen geniales ... as q los relatos de "Verde" son mis preferidos ... y quiero ese numero para el concurso.

Ya le voy cogiendo el gusto a leerte mas amenudo ..relatos cortitos ... como el tiempo libre q tengo yo, asi q encajan perfectamente ;-)

Gracias por esos ratitos en los q me evado del todo leyendote.

celemin dijo...

No puedo evitar el pensar que la historia tendrá un final gris...