El cuento de la criada, de Margaret Atwood

Publicada en 1985, "El cuento de la criada" es una de las obras más importantes de la autora canadiense Margaret Atwood. Como curiosidad, fue ganadora del primer premio Arthur C.Clarke que se entregó, en 1987. Ha sido adaptada al cine y, recientemente, a la televisión. También existe una ópera.

Me gustaría creer que esto no es más que un cuento que estoy contando. Necesito creerlo. Debo creerlo. Los que pueden creer que estas historias son sólo cuentos tienen mejores posibilidades.  

Nos encontramos en Gilead (como curiosidad, en la Biblia "Gilead" significa colina o montículo del testimonio de los testigos), antiguos Estados Unidos, actualmente bajo un régimen teocrático. Debido a una epidemia de infertilidad, derivada de la polución, los vertidos tóxicos, enfermedades varias y otros factores, las mujeres fértiles se han convertido en preciados bienes que se entregan como si de objetos se trataran a las familias más poderosas, son conocidas como las Criadas, uno de los estratos más bajos del particular sistema de castas de la sociedad gileadiana.

Mejor nunca significa mejor para todos, comenta. Para algunos siempre es peor.

No resulta nueva esta división social en castas o estratos, podríamos decir incluso que se trata de uno de los pilares de cualquier distopía. Quizás la más visual sea la que hace Aldous Huxley en "Un mundo feliz", aunque no podemos olvidar que Orwell también cuenta con su propia división, entre los miembros del Partido Interior, Exterior y Proles. En el caso de Atwood nos encontramos con un sistema cuya principal novedad es que los principales estratos sociales están segregados por género. Para las mujeres nos encontramos con un sistema de castas. En primer lugar, tenemos a las Esposas, en la cúspide de la pirámide, casadas con los Comandantes y pertenecientes a la clase más alta. Después seguirían las Marthas, mujeres infértiles encargadas de realizar las tareas domésticas en los hogares de la alta sociedad. Las Tías, mujeres encargadas de formar a las Criadas en el Centro Rojo. Las econoesposas, que son las mujeres casadas con cualquier hombre que no sea un Comandante. En penúltimo lugar estarían las Criadas y, por último, nos encontraríamos con la clase más baja: las No Mujeres. En este grupo se recogen a todas las mujeres "no aptas" para el sistema: Criadas que no han conseguido quedarse embarazadas, mujeres que han desobedecido la ley, prostitutas que no pueden seguir ejerciendo... 



Los hombres, a su vez, tienen su propio esquema organizativo. Los Comandantes de la Fe, el rango más alto, son los únicos hombres con derecho a tener Criadas. En segundo lugar estarían los Ángeles, los soldados, con posibilidad de ascender a Comandantes. Después estarían los Guardianes de la fe, una especie de policía, formada principalmente por adolescentes y, por último, los Ojos. Al más puro estilo Orwelliano, este colectivo formaría una suerte de policía del pensamiento, encargada de velar por el cumplimiento de los valores puritanos del régimen. 



Mientras los hombres sí tienen la posibilidad de ascender en el estrato social, las mujeres carecen de esa opción. Su única opción, en todo caso, es la de descender. No cabe lugar a dudas de que esta obra es, además de una distopía, un alegato feminista en toda regla.



Vivíamos, como era normal, haciendo caso omiso de todo. Hacer caso omiso no es lo mismo que ignorar, hay que trabajar para ello.

Como viene siendo un clásico en las distopías, a las Criadas se las despoja de toda individualidad e independencia, convirtiéndolas en meras vasijas, recipientes cuya única finalidad es la concepción de un hijo para su propietario. Quizás el mayor símbolo de esto sea la supresión de su nombre, siendo sustituido por uno nuevo, con la estructura "Of + el nombre de su dueño", denotando claramente la posesión o pertenencia a  la que son sometidas estas mujeres-objeto. Como ya hacía Zamiatin, en "Nosotros", donde las personas se convertían en números y el yo se sometía al nosotros.

Además, como suele ser habitual en las distopías, se introduce el uso de uniformes como mecanismo de control. En el caso de las Criadas, se las viste con un hábito de color rojo, coronado por un gorro que limita la visión que los demás tienen de su rostro. El resto de mujeres de esta sociedad también se identifican con un color: azul para las Esposas, verde para las Marthas, marrón para las tías y un uniforme de rayas rojas, verdes y azules para las Econoesposas. Tal como sucedía en 1984, con esta uniformidad se consigue desprender al individuo de su identidad, desvaneciéndola en la grupal.

De este modo queda destruído el individuo, dejando únicamente una vacante dispuesta a ser ocupada por cualquier individuo que vista el color adecuado. Un ejemplo claro es el reemplazo del personaje de Ofglen. 

La humanidad es muy adaptable decía mi madre. Es sorprendente la cantidad de cosas a las que llega a acostumbrarse la gente si existe alguna clase de compensación.  

Quizás la mayor novedad que introduce Atwood sea el mezclar episodios de la vida pasada de la protagonista con el relato en presente. Se podría pensar que esto no es nada nuevo. Winston Smith ya recurría con frecuencia a sus recuerdos en 1984, pero la diferencia en este caso es que Offred ha conocido una realidad fuera de la distopía, mientras que en 1984 el pasado ha sido deformado hasta el punto de desaparecer. Como ella misma dice varias veces a lo largo del relato, pertenece a la primera generación de criadas y, por tanto, nos ofrece una novedosa comparativa entre ambas realidades además de algo que, en mi opinión, resulta altamente refrescante: un relato del cómo, una descripción desde la visión subjetiva de Offred, de cómo pasa de vivir en una sociedad que podríamos considerar, en comparativa, utópica a encontrarse inmersa en una distopía.


Mi desnudez me resulta extraña. Mi cuerpo parece an­ticuado. ¿De verdad me ponía bañador para ir a la playa? Lo hacia, sin reparar en ello, entre los hombres, sin im­portarme que mis piernas, mis brazos, mis muslos y mi espalda quedaran al descubierto y alguien los viera. Ver­gonzoso, impúdico. Evito mirar mi cuerpo, no tanto porque sea algo vergonzoso o impúdico, sino porque no quiero verlo. No quiero mirar algo que me determina tan abso­lutamente.

 La sexualidad ocupa una posición complicada en esta sociedad. En otras distopías, como "Un mundo feliz", la reprodución se convierte en una cadena de producción, un proceso totalmente mecanizado y carente de todo erotismo. Algo similar sucede en la Gilead de Atwood. La reproducción, vista desde una perspectiva bíblica, se convierte en un acto carente de cualquier emoción o intimidad. En lo que se conoce como "La Ceremonia", no hay cabida para el placer. Se trata de un acto mecánico, de obligado cumplimiento para las tres partes implicadas en el mismo.

Tengo la falda roja levantada, pero sólo hasta la cin­tura. Debajo de ésta, el Comandante está follando. Lo que está follando es la parte inferior de mi cuerpo. No digo haciendo el amor, porque no es lo que hace. Copular tam­poco sería una expresión adecuada, porque supone la par­ticipación de dos personas, y aquí sólo hay una implicada. Pero tampoco es una violación: no ocurre nada que yo no haya aceptado. No había muchas posibilidades, pero había algunas, y ésta es la que yo elegí…

No deja de ser llamativo el cinismo de que en una sociedad tan puritana, existan sin embargo Jezabeles (prostitutas), o que se incite a las Criadas a acostarse con otros hombres para lograr el tan ansiado embarazo, una dura crítica a la doble moral, algo que no resulta en absoluto ajeno a nuestra sociedad actual.

En la cama no se hace nada más que dormir… o no dormir. Intento no pensar demasiado. Como el resto de las cosas, el pensamiento tiene que estar racionado. Hay muchos que no soportan pensar. Pensar puede perjudicar nuestras posibilidades, y yo tengo la intención de resistir. Sé por qué el cuadro de los lirios azules no tiene cristal, y por qué la ventana sólo se abre parcialmente, y por qué el cristal de la ventana es irrompible. Lo que temen no es que nos escapemos –al fin y al cabo no llegaríamos muy lejos— sino esas otras salidas, las que si se posee una mente aguda es posible abrir dentro de una.

No falta, como en toda distopía que se precie, el castigo. Si en 1984 nos encontrábamos con la habitación 101, en Nosotros teníamos la temida máquina del Benefactor y en Un mundo feliz el exilio, en El cuento de la criada están las Colonias, el lugar al que se envía a las No mujeres a cumplir condena. Una especie de campos de trabajo en los que el destino inevitable es la muerte. Pero, como sucede en toda esta novela, incluso el castigo se encuentra segregado por géneros. Los hombres son castigados de manera ejemplarizante: sus cadáveres, ahorcados, son colgados en lo alto del muro para que todos sean testigos de sus crímenes. Este tipo de castigo también se aplica, en ocasiones particulares, a ciertas mujeres.

La noche es para mí, me pertenece; puedo hacer lo que quiera, Siempre que me quede callada. Siempre que no me mueva. Siempre que me estire y me quede inmóvil… Pero la noche es para mí. ¿A dónde podría ir?

Aunque, quizás, lo que más me haya gustado de esta novela haya sido la prosa de Margaret Atwood. Narrada por la propia Offred a modo de diario, la redacción se impregna de un tono intimista repleto de impresiones, sensaciones y reflexiones que no dejan indiferentes al lector. Una protagonista femenina, con todo lo que ello implica, que ofrece una nueva perspectiva de la distopía, una visión diferente de la misma y llena de matices que se dejan y saborear leer entre líneas.
Nolite te bastardes carborundorum.

Me faltan palabras para describir lo mucho que me ha entusiasmado esta novela. Una distopía pura, muy dura y tan sumamente bien escrita que no puedo más que quitarme el sombrero ante Margaret Atwood. 

Los 5 mejores libros que he leído en 2016

Me anunciaba Goodreads el otro día que este 2016 había leído 24 libros, un total de 10,914 páginas. Lo cierto es que este año he leído bastante, adquirí la costumbre de llevar el kindle a todas partes y siempre que tenía unos minutos de espera lo sacaba y me ponía a leer. Además, cogí el mal habito de leer mientras camino. Cualquier día me partiré la cabeza contra un poste, pero seguramente será en mitad de alguna novela apasionante. Algo es algo. 

Estos son los mejores libros que leí en 2016. 

1. Trilogía Nacidos de la Bruma, de Brandon Sanderson

Brandon Sanderson ha sido, sin lugar a dudas, el hallazgo de este año. Le conocí con Elantris, que ocuparía un lugar en esta lista si no me hubiera decidido a rematar el año con la trilogía de Nacidos de la Bruma. Aún me queda la mitad del último libro para completarla, pero creo que ya puedo afirmar que es una de las mejores trilogías de Fantasía que he leído. Lo que Sanderson hace es magia pura. La destreza que tiene escribiendo sólo es comparable con su poderosa imaginación y, sobre todo, la capacidad que tiene para sorprender al lector de manera constante. De él nunca leerás lo que esperas, y aún así conseguirá que hasta lo más inesperado te acabe pareciendo de una lógica aplastante. Leí en un prólogo una carta escrita por el propio Sanderson en la que aseguraba que el futuro de la fantasía pasaba por conseguir sorprender al lector adulto, al que lleva toda la vida consumiendo este género y ya tiene demasiado interiorizado el viaje del héroe. Pues él lo consigue, con matrícula de honor. Lo mejor de todo es que, con apenas 40 años y una producción literaria tan amplia, nos queda Sanderson para rato. 

2. Luces de neón, de Jay McInerney

 Soy una apasionada de las librerías de segunda mano. Me encantan los libros de tapas gastadas, con anotaciones en las hojas, con vida... me gusta pensar que hay una historia dentro de la historia que cuentan, la historia de las lecturas que ha vivido ese ejemplar, de lo sitios en los que ha sido abierto, de los ojos que han recorrido sus páginas. Este, en concreto, fue una pequeña joya que encontré en una librería de Madrid. Escrito en segunda persona, uno de los narradores más complicados de encontrar, relata la historia de un yuppie en el Manhattan de los años 80, una suerte de Holden Caulfield adulto, rodeado de drogas y tan perdido por las calles de la ciudad como lo estuvo el guardián entre el centeno. 

3. Clara y la penumbra, de José Carlos Somoza

Algo tendrá Somoza para que, de 24 libros, 3 hayan sido suyos... Y es precisamente lo que descubrí con Clara y la penumbra: una imaginación tan poderosa que es capaz de inventar una realidad completamente nueva y, aún así, convencernos de su verosimilitud. No deja hilo suelto mientras teje esa realidad alternativa en la que todo parece imposible y a la vez tan posible que asusta. Complicado de explicar y, sin embargo, sencillo de leer. Esa, tal vez, es la gran habilidad de Somoza.

4. El juego de Ender, de Orson Scott Card

A día de hoy, sigo sin encontrar explicación al hecho de haber tardado tantos años en animarme a leer este libro. Supongo que mi aversión a los alienígenas y la pereza que me dan las historias que tratan sobre este tema influyeron notablemente para que siempre pasara de largo al ver este título. Craso error. El juego de Ender se ha convertido en uno de mis imprescindibles de Ciencia Ficción, una novela que se lee con la misma facilidad con la que Ender Wiggin se pasa la Escuela de Batalla. 

5. El libro de las ilusiones, Paul Auster

Si he leído un libro de Paul Auster, inevitablemente va a estar en esta lista. En este caso han sido tres, pero es este el que se lleva el puesto de honor. El libro de las ilusiones es una verdadera joya. Una historia dentro de otra historia, pero narrando exactamente lo mismo: la historia de un muerto. Soberbio Auster hilando ambas historias hasta convertirlas en una sola. Un único relato repleto de casualidades y, como suele hacer, de pequeños momentos imposibles que con su prosa consigue hacer tangibles.


Ahora sólo queda esperar a 2017 para ver qué libros me depara... :)


Decisiones


Nadie irá a buscarte si te vas. Si te pierdes, quizás, pregunten por ti. Alguien se acordará de que una vez estuviste en tal o cual lugar y, es posible, hasta se extrañara de no verte por allí. Tu huella será de arena, a la orilla de un mar revuelto, de un oleaje constante. Se perderán los recuerdos, como lágrimas en la lluvia...

Somos la parte frágil de las historias que no nos atrevimos a contar en voz alta. De las que dejamos sin principio para renunciar a un final que ya dolía en su inexistencia. El miedo nos hizo pasar de puntillas por el filo de aquel cuaderno que ya tenía demasiado texto escrito. A trazos gruesos, profundos, marcados.

Nada después de eso. Quizás alguna vez, pudiera pasar, alguien se pregunte qué fue de ti. O trate de recordar por qué letra empezaba tu nombre. Nada que pueda salvarte del olvido. Puede que tampoco importe. Tal vez cuando merezca la pena te decidas a dejar tu huella sobre una calle recién asfaltada.

Quién quiere saber

Qué raro ver mis pies sobre el mismo suelo y sentir que cambiaron hasta los cimientos. A veces dudo cuánto de mí sobrevivió a aquello y cuánto se decidió a nacer de nuevo. Puede que nunca lo sepa.

El reflejo que me devuelve el espejo sigue siendo el mismo. Delatan los pequeños gestos, a veces, a la superviviente. No sé cuánto hubo de suerte, cuánto de esfuerzo, cuánto de valentía. No quiero saberlo. Qué importa ya qué corriente empujó a esta orilla mi barca. Llegué, como un náufrago, resistí y de lo inesperado hice un hogar, de la incertidumbre un presente.

De dónde vine ya apenas recuerdo. Qué lejos quedaron aquellos días, qué ajenos. Como historias contadas a la luz de la hoguera, que se apagan con las primeras luces del alba. Pienso en ella, no en mí. No me reconozco en esa tercera persona que me es ya extraña. Me pregunto si me recordará de la misma manera. Como un personaje ficticio de una historia contada por un narrador anónimo. Qué sé yo ya de entonces, salvo lugares y nombres. Quizás algún detalle, y cada vez menos, cada vez más confusos. No sé si considerarlo una pérdida o una ganancia, ya ves, cómo si eso importara ahora. Ya no, ya qué más da.

Mira mis pies sobre este suelo, que es el mismo, que es completamente diferente y dime, qué importa. Nada. Importa, eso sí, el siguiente paso. De cómo llegué hasta aquí tan sólo la inercia que me llevó a levantarme tras cada caída. Todo lo demás está bien ahí, donde lo fue dejando el tiempo. Cada vez más pequeño, cada vez más ligero. Hasta que al final, quién sabe, quizás se lo termine por llevar un golpe de viento. De un nuevo huracán, de otro naufragio...o de un suspiro, de una carcajada, de un salto. Quién puede saberlo. Quién quiere.

#RetoSci-Fi


El otro día me recordaban en twitter que este año no os había propuesto ningún reto distópico. Realmente la idea nunca pretendió ser un evento anual, pero no seré yo quien diga no a una distopía. Así que aquí lo tenéis, un año más, aunque con algunas modificaciones.

He pensado que, para que no fuese igual que el anterior, este año estaría bien hacer un #RetoSciFi. Para empezar con la lista, el otro día hice un pequeño sondeo en Twitter. La respuesta me desbordó por completo, pero he recopilado los títulos más repetidos para vuestro deleite. Por supuesto, se pueden ir añadiendo nuevas joyas literarias a medida que el reto se vaya expandiendo.

Esta vez no habrá fechas. La idea es que vayamos leyendo las novelas recomendadas y comentándolas vía twitter, utilizando la etiqueta #retoscifi. Así podremos compartir impresiones y recomendaciones de nuestras lecturas sin prisa (pero sin pausa). Os dejo también habilitados los comentarios del blog para tal causa y, cómo no, mi mail.

Y, una vez explicado de qué va esto, empezamos con un pequeño repaso. La pregunta obligatoria, cómo no, es ¿qué es ciencia ficción? Según la definición de Eduardo Gallego y Guillem Sánchez: "La ciencia ficción es un género de narraciones imaginarias que no pueden darse en el mundo que conocemos, debido a una transformación del escenario narrativo, basado en una alteración de coordenadas científicas, espaciales, temporales, sociales o descriptivas, pero de tal modo que lo relatado es aceptable como especulación racional."

Robert A. Heinlein, por su parte, la define como "Especulación realista sobre eventos futuros posibles, sólidamente basado en un conocimiendo adecuado del mundo real, pasado y presente, y en riguroso entendimiento de la naturaleza y significado del método científico".  

Pero no creo que necesitéis definiciones. Todos sabemos lo que es la ciencia ficción. Son esas historias que nos permiten vislumbrar el futuro o un pasado que contradice todo lo que conocemos, que nos trasladan al espacio exterior, que nos muestran lo que se esconde bajo la superficie terrestre o que nos descubren nuevos mundos. Son esas historias que nos hacen soñar con alienígenas, mutantes, robots... personajes imposibles que tienen acceso a rayos láser, máquinas teletrasportadoras, visión de rayos X, que viajan en el tiempo y cuyas comunicaciones superan la velocidad de la luz. Son las historias que nos muestran cómo podría ser nuestra sociedad en un futuro, que nos hacen plantearnos lo que hemos conocido hasta ahora. Las que nos hablan de tecnología, de naves espaciales, de inteligencia artificial, de avances científicos, de la desaparición de la humanidad tal como la conocemos... Son esas historias que ponen a prueba nuestra imaginación, que nos llevan más allá de lo que podríamos haber soñado, de lo que creíamos saber. La mejor definición de ciencia ficción es la sensación que se queda contigo cuando terminas de leer una de estas historias y, durante días, tu mente aún está tratando de regresar a la realidad. Eso es ciencia ficción.

La ciencia ficción engloba tantas cosas y las temáticas a tratar son tan variadas que se ha terminado dividiendo a su vez en subgéneros, que atienden a distintos criterios de clasificación.

Una de las divisiones más frecuentes es la que existe entre ciencia ficción dura (hard sci-fi) y ciencia ficción blanda (soft). La primera hace especial hincapié en la exactitud de los detalles científicos, como suele ser frecuente en la obra de Asimov.  La segunda se centra más en las relaciones y sentimientos de los personajes, dejando la parte científica en segundo plano. Un título representativo de este subgénero sería "Dune". Otra rama de esta clasificación sería la ciencia ficción social, una especulación sobre el desarrollo social de la humanidad, a menudo utilizado como forma de crítica velada a la sociedad actual. Aquí podríamos englobar cualquier distopía, "1984" o "Un mundo feliz" sin ir más lejos.

Si nos adentramos en las temáticas tratadas, los caminos a recorrer se multiplican. Desde la post-apocalíptica, cuyo eje central suele girar en torno al fin de la humanidad, al steampunk, ambientada en la época victoriana pero con inventos tecnológicos ficticios (Verne o Shelley son fuente de inspiración para este subgénero) o al cyberpunk, que presentan futuros distópicos con alta tecnología. Recientemente se ha empezado a popularizar también la temática de la robótica o la Inteligencia Artificial. Los viajes en el tiempo, la colonización espacial, las ucronías y distopías, son otros subgéneros clásicos de la ciencia ficción.

Ahora que ya estamos ubicados, procedo a comentaros los títulos que me habéis recomendado a través de las redes sociales y, por supuesto, alguno de mi propia cosecha (aunque me habéis dejado poco margen de maniobra).

Viaje al centro de la tierra, de Julio Verne (1864)
Un jeroglífico medieval casi indescifrable puede permanecer luengos siglos durmiendo entre las hojas de un libro viejo. Pero, cuando por azar caiga en manos del audaz profesor Otto Lidenbrock de Hamburgo, desencadenará el viaje más espectacular de todo el siglo XIX. El profesor, su sobrino Axel y el impasible Hans verán mar avillas en el interior del globo, iluminados por una inmóvil luz incomprensible. 

Me ha sorprendido bastante haber recibido apenas un par de menciones de este autor. Personalmente, no podía dejarlo pasar, así que he puesto "Viaje al centro de la tierra" por poner un título y porque fue el primer libro de ciencia ficción que leí. En realidad toda la obra de Verne es magnífica, así que cualquiera de su bibliografía hubiera servido. Cuando pienso, además, en la fecha en la que escribió sus novelas mi admiración aumenta. Qué capacidad de anticipar un futuro que aún estamos por conocer. Cuánta admiración hacia este genio de la palabra. Si no lo conocéis, que lo dudo, ya estáis tardando.

Cita con Rama, de Arthur C. Clarke (1973)
Después del impacto de un enorme asteroide que destruye Padua y Verona, se crea en la un sofisticado sistema de detectar la trayectoria de cualquier objeto que se detecte desde la Tierra. De esta forma se detecta Rama, un extraño asteroide que, gira a un velocidad increíble y que, según todos los cálculos no volverá a pasar jamás por el sistema solar.Pero lo más inquietante se producce cuando aparecen indicios de que Rama pueda ser artificial, con las implicaciones que ello conlleva.

Del mismo autor, pero anterior (1968) también me recomiendan "2001: Una odisea en el espacio". En realidad, Odisea espacial es una saga que consta de cuatro títulos y la idea de la que surge es un relato corto de Clarke, "El centinela". Curiosamente, la novela se escribió paralelamente a la realización de la película y se publicó después de su estreno. Otro título que mencionáis es "Cánticos de la tierra lejana" (1986).

La fundación, de Isaac Asimov (1951)
El hombre se ha dispersado por toda la galaxia. La capital del Imperio es Trántor, nido de intrigas y corrupción. Gracias a su ciencia, fundada en el estudio matemático de los hechos históricos y el comportamiento de las masas, el psicohistoriador Hari Seldon prevé la caída del Imperio y el retorno a la barbarie durante varios milenios. A fin de reducir este período de barbarie a mil años, Seldon decide crear una Fundación en un extremo de la galaxia.
El poderío de la Fundación alcanza límites insospechados, su dominio se sostiene en la energía, la religión y el comercio. Sin embargo, la aparición del Mulo, un individuo dotado de poderes paranormales, desafía todas las previsiones. Conquistando planeta tras planeta, le gana terreno a la Fundación de manera vertiginosa. La salvación de la galaxia queda en manos de una Segunda Fundación totalmente secreta y cuyo emplazamiento es desconocido incluso para los dirigentes de la Primera.

También de Asimov, "Los propios dioses" (1972). El propio Asimov declaró esta como su mejor obra. Es la segunda parte de «Contra la estupidez, los propios dioses luchan en vano» y cuya trama principal gira en torno a una conspiración de alienígenas que habitan un universo paralelo moribundo, con el propósito de convertir el Sol en una supernova y poder colectar la energía resultante para su propio uso y continuidad de su forma de vida.

Otros títulos destacados de este autor, el que más me habéis recomendado junto con Phillip K.Dick, son "Yo, robot", una serie de relatos cortos donde se establecen y plantean las tres leyes de la robótica, y "El fin de la eternidad", que nos cuenta la historia de una sociedad capaz de realizar viajes en el tiempo.  Si queréis un primer encuentro con el autor, pero no os atrevéis con una novela, tomad nota de estos dos relatos cortos: "La última pregunta" y "La última respuesta".

Ubik, de Philip K. Dick (1969)
La novela Ubik narra una historia en la cual, con la aparición de grandes compañías especializadas en psiquismo y de un estado de vida suspensa después de la muerte, se crea un estado de realidad erosionada.

En realidad, del bueno de K.Dick me han recomendado todo, pero como ya os he hablado de él en más ocasiones, hoy pongo otro título. Uno de los mejores representantes del género, una imaginación brillante y una capacidad de crear ciencia ficción brutal. En hollywood lo saben bien, por eso hay multitud de películas basadas en su obra, mi preferida es "Blade runner".

Hyperion, de Dan Simmons (1989)
Esta novela presenta un futuro en el que la humanidad ha colonizado docenas de mundos en la galaxia y domina el teletransporte y los viajes espaciales a velocidades superlumínicas. 

No la he leído, pero me la habéis recomendado tantas veces que no tardaré en hacerlo. Creo  que, de hecho, ha sido la novela más recomendada de todas. Es la primera de una saga de cuatro novelas. Curiosamente, según leo, el primer escrito de Simmons sobre este universo es un relato corto: "Remembering Siri".


El juego de Ender, de Orson Scott Card (1985)
La Tierra se ve amenazada por una raza extraterrestre, los insectores, que se comunican telepáticamente y consideran no tener nada en común con los humanos, a quienes pretenden destruir. Para vencerlos es necesario una nueva clase de genio militar, y por ello se ha permitido el nacimiento de Ender, lo que constituye, en cierta forma, una anomalía, pues es el tercer hijo de una pareja en un mundo que ha limitado estrictamente a dos el número de descendientes. El niño Ender deberá aprender todo lo relativo a la guerra en los videojuegos y en los peligrosos ensayos de batallas espaciales que realiza con sus compañeros.

De la saga de Ender me recomendáis, además, "La voz de los muertos" y algunos también os aventuráis con "Ender el xenocida". No he tenido tiempo aún de leerlos, pero están en mente. Personalmente, "El juego de Ender" me encantó y creo que es uno de esos libros que hay que leer. Además, esto ya es una opinión muy personal, me gustó significativamente que tuviera un pequeño guiño distópico entre sus páginas.

Dune, de Frank Herbert (1965)
La historia comienza a más de 20.000 años en el futuro, en nuestra galaxia, en un gran imperio galáctico de estructura feudal. El Imperio se divide en cuasi-feudos o señoríos planetarios que son controlados por familias nobles, conocidas como Las Grandes Casas. La historia se desarrolla alrededor del joven Paul Atreides, heredero del ducado de la Casa Atreides.

Ganadora de los premios Hugo y Nébula, los más prestigiosos del género (de hecho, casi todas las obras aquí mencionadas cuentan con uno de ellos). La saga cuenta con seis títulos, aunque fue concebido inicialmente como una trilogía.

Las estrellas de mi destino, de Alfred Bester (1956)
En el siglo xxv, cuando las técnicas de teleportación han cambiado de forma radical la sociedad de la Tierra, un hombre motivado por pasiones extremas emprende un carrera desesperada por cambiarse a sí mismo. 

Aunque Bester ganó el Hugo con "El hombre demolido", que también me habéis mencionado, la más recomendada ha sido esta. No la he leído, pero la sinopsis me ha entusiasmado, así que no tardará en caer. 

El señor de la luz, de Roger Zelazny (1986)
Por su argumento, más que ciencia ficción me parece fantasía, pero la reseña que os enlazo me ha parecido tan entusiasta que lo añado para que no se acabe por perder en el olvido esta recomendación.

El Marciano, de Andy Weir (2011)
La historia sigue a un astronauta estadounidense, Mark Watney, que queda varado solo en Marte, debiendo improvisar con el fin de sobrevivir.

Criptonomicón, de Neal Stephenson 
Criptografía y matemáticas, contadas en dos líneas temporales: la II Guerra mundial y el presente. Tiene hasta un cameo de Alan Turing, no digo más. Como a cualquier "teleco" que se precie, me pierden las matemáticas y la criptografía, así que no puedo más que sumarla a la lista. Otro título de este autor que me habéis recomendado es "Snow Crash", que por lo que he leído estaría englobada dentro del subgénero cyberpunk.

La tierra permanece, de George R.Stewart (1949)
Premisa: la inmensa mayoría de los seres humanos han sucumbido a una plaga y sólo algunos, resistentes a ella, han logrado sobrevivir. Ciencia ficción post-apocalíptica en toda regla.

Serie de Miles Vorkosigan, de Lois McMaster Bujold (1986)
Se trata de una saga de novelas e historias cortas que tienen lugar en un mismo universo. Esta autora, la primera fémina de la lista, cuenta con la friolera de cinco premios Hugo y dos Nébula, así que habrá que leerla con urgencia.

Los desposeídos, de Úrsula K. Le Guin (1974)
Shevek, un físico brillante, originario de Antares, un planeta aislado y "anarquista", decide emprender un insólito viaje al planeta madre Urras, en el que impera un extraño sistema llamado el "propietariado". 

No la he leído, pero se acaba de colar en mi lista de lecturas pendientes. Dicen que es una utopía, a mi su reseña me ha dejado un ligero sabor a distopía. Como curiosidad, ganó el premio Prometheus Half of Fame en 1993, un año antes que "Nosotros" de Yevgeni Zamiatin. Tiene muy buena pinta, eso sin duda.

Otra obra de la misma autora es "La mano izquierda de la oscuridad", con un argumento bastante controvertido: trata del género y la sexualidad a través de los ojos de un terrestre llegado al planeta Invierno, colonia en la que los habitantes han mutado a hermafroditas capaces de cambiar de sexo.

La radio de Darwin, de Greg Bea (1999)
Cuenta la historia de la evolución humana y como un virus puede causar cambios en las diferentes especies, desde el punto de vista de los principales personajes del libro.

Crónicas marcianas, de Ray Bradbury(1950)
Serie de relatos cortos que narran la llegada a Marte y la colonización del planeta por parte de los humanos. De Bradbury también me recomendáis "Fahrenheit 451", pero la dejo fuera porque ya estuvo en el resto distópico. 

Visión ciega, de Peter Watts (2006)
El 13 de febrero de 2082, más de 65.000 sondas de origen desconocido aparecieron alrededor de la Tierra, dispuestas en una red esférica para cubrir toda la superficie del planeta. Con un destello simultáneo, se desintegraron en la atmósfera... y enviaron una señal al espacio. Alguien acababa de hacernos una foto.

Mundo anillo, de Larry Niven (1970)
En el año 2850, cuatro exploradores (dos humanos y dos alienígenas) son elegidos para explorar un misterioso "mundo anillo", una enorme estructura artificial en forma anular que rodea una estrella. La historia ocurre en un universo tecnológicamente avanzado, donde la teleportación instantánea y los cascos de naves espaciales indestructibles son una realidad.

Como curiosidad, ganó los premios Hugo, Nébula y Locus del año 1971; es una de las pocas novelas de ciencia ficción que ha logrado tal triplete de galardones.

Excesión, de Iain M. Banks (1996)
En la novela la entidad política más poderosa de la galaxia es una utopía anarquista poblada mayoritariamente por humanos y máquinas pensantes. Estos humanos están modificados genéticamente, de modo que entre otras cosas pueden vivir más de 300 años sin apenas envejecer.

El núcleo del caos, de Colin Kapp (1972)
Podéis encontrar una reseña estupenda aquí. Me ha parecido que tiene un argumento muy interesante, diferente como poco.

Tierra, de David Brin (1991)
Tierra se desarrolla en el año 2038, la Tierra sufre superpoblación superando ya los 10 mil millones, los recursos naturales son escasos, y mucha gente piensa que la población está al borde de un accidente masivo. La población mundial está al borde de la hambruna, que sufre los primeros efectos del calentamiento global.

La guerra de las salamandras, de Karel Capek (1936)
En esta novela Čapek narra mediante múltiples personajes los sucesos que preceden el descubrimiento de las salamandras gigantes identificadas por los científicos como Andrias scheuchzeri, deteniéndose en la reacción de la prensa, en las respuestas que intenta la comunidad científica y en la oportunidad que ven los empresarios para utilizarlas como mano de obra barata. 

La historia de tu vida, Ted Chiang (2003)
Colección de relatos cortos de este escritor, informático de profesión, que pese a no dedicarse profesionalmente a la escritura ha cosechado numerosos premios y cuenta con gran prestigio en el género.

Neuromante, de William Gibson (1984)
Un futuro invadido por microprocesadores, en el que la información es la materia prima. Precursora del subgénero cyberpunk y ganadora de los premios Hugo y Nébula. Como curiosidad, se dice que el término "ciberespacio" fue utilizado por primera vez en esta novela.

La máquina del tiempo, de H.G. Wells (1895)
Todo un clásico que no podía faltar en esta lista, sobre todo teniendo en cuenta que H.G. Wells está considerado como uno de los padres de la ciencia ficción.

También me habéis hablado de Ready Player One, de Ernest Cline (2011). Esta en concreto ya la propuse para el reto distópico, así que la dejaré fuera. Pero sigo recomendado su lectura. De hecho, se ha convertido en mi regalo de cumpleaños estrella.

Durante mi investigación, he encontrado este títuloTodos sobre Zanzíbar’, de John Brunner (1968). Me ha llamado la atención su argumento: a principios del siglo XXI, el planeta Tierra es una bomba a punto de estallar. Los niveles de sobrepoblación han alcanzo niveles inimaginables, por lo tanto es necesario promover leyes eugenicas, como el control de la natalidad obligatoria y la manipulación genética forzosa. A mí me huele a distopía, pero ya me diréis...

Por último, no me quiero dejar a la precursora del género: "Frankenstein" de Mary Shelley (1818).  Aunque el mismísimo Asimov reconoce que "Somnium" de Johannes Kepler (1634) es el primer relato de ciencia ficción como tal (narra la historia de un aventurero que viaja a a la Luna), todos los expertos reconocen la obra de Shelley como la que marcó un antes y un después en el género. Y yo he querido hacerle un justo reconocimiento por ello.


Como veréis, tenemos un poco de todo. Clásicos de la ciencia ficción, títulos más desconocidos, más novedosos, relatos cortos. Historias de viajes en el tiempo, de sociedades distópicas, de aventuras espaciales, post-apocalípticas... Si no encontráis nada de vuestro agrado en esta lista, siempre podéis enviarme vuestra sugerencia (o plantearos que tal vez no os guste este género). Y si os ha llamado la atención alguno de estos títulos y os apetece leerlo, ¿a qué esperáis para sumaros al #retoscifi? 

Participar es muy fácil. Tú decides qué libro quieres leer, elige un título de la lista y publica un tuit que incluya el título del mismo y la etiqueta #retoscifi, por ejemplo "#retoscifi #viajealcentrodelatierra". Utilizando esas mismas etiquetas, a lo largo de tu lectura, puedes hacer comentarios sobre la novela o dejarnos tu opinión final sobre la misma.

Heri ya mwaka mpya


Parece mentira que hayan pasado ya dos meses desde que regresé de Tanzania. Cuatro veces el tiempo que pasé allí y, sin embargo, que poco necesitan algunos lugares para quedarse grabados para siempre en nuestra memoria.

Antes recibí un mensaje de Juma, Marbella para los amigos, contándome cómo van las cosas por Zanzíbar. Me decía que seguían con problemas, el gobierno se niega a aceptar el resultado de las elecciones que tuvieron lugar hace dos meses, justo cuando estuvimos allí, y la gente está enfadada. Nos escribimos de vez en cuando. Me cuenta cosas de su familia y de su trabajo como guía turístico, me da recuerdos, se interesa sobre la vida en España. Me gustan estos pequeños goteos de información. Me gusta no irme del todo de los lugares que me gustan, no perder el contacto. Siempre fui muy dada a enviar postales, desde pequeña. Supongo que es una forma como otra cualquiera de llevarte un pedacito de los sitios que visitas. Al final los lugares no son más que escenarios, lo de verdad, lo que los hace ser son las personas. Por eso tengo direcciones postales, o números de teléfono en estos tiempos modernos, repartidos a lo largo y ancho de este planeta nuestro. Son mis mejores recuerdos.

Sin embargo, tiene algo especial África. El miércoles recibía un correo de Francisco, la pequeña locura que le llevó a sortear un viaje a Tanzania para recaudar fondos para nuestros queridos niños de Amani llegaba a su fin. Creo que se puede decir que ha sido un éxito rotundo aunque, como él mismo decía en su email, es sorprendente la cantidad de gente que no llega a inmutarse si quiera ante estas cosas. Cierto es que, cuando recibí el correo de Catina, no dudé ni un sólo instante en apuntarme a su proyecto en Teaming. No tardé mucho más en avisar a todos mis familiares y amigos de la iniciativa. Los resultados fueron fatídicos. Apenas logré que tres personas se sumasen, lo cual me parece trágico en tiempos en los que un euro al mes representa poco más que un café. Supongo que es lo que tiene nuestra sociedad: estamos sobreinformados. Ahora conocemos de primera mano demasiadas historias que nos conmueven, tantas que al final no lo hace ninguna. La pena nos dura el mismo tiempo que tardan los informativos en cambiar de titular.

Siento que escribo este post desde la nostalgia, pero también desde la impotencia. Vivimos anestesiados. Es la nuestra una sociedad con prisas, en las que nada parece tener valor una vez que ha perdido la etiqueta con el precio. Estas navidades he visto a niños recibir más regalos de los que podían abrir, por parte de personas que pensaron que donar un euro al mes a cuarenta huérfanos tanzanos era innecesario porque "si tuviera que dar un euro a cada persona que lo pasa mal...". Sé que es cierto, pero se basa en un planteamiento erróneo. No se trata de que uno ayude a todos, se trata de que entre todos hagamos de este mundo un lugar más justo.

Mientras tanto, sigo dándole vueltas a la cabeza, buscando la manera de hacer más por quienes tienen menos. A ratos me siento terriblemente egoísta por no dejar todo lo que tengo para irme a esa pequeña aldea de Arusha a ayudar. Quizás sólo sea una cobarde. O puede que sean los efectos de la anestesia.

Cicatriz, de Juan Gómez-Jurado

Creo que esta es la reseña más difícil que voy a escribir. Principalmente porque es imposible hablar de esta novela sin revelar detalles que, como lector, se agradece no conocer de antemano. Así te puedes permitir el lujo de ir desenvolviéndola capa a capa, sin que nada te arruine la siguiente sorpresa. Con todo, ya sabía demasiado cuando empecé a leer. En mi opinión, es una historia para empezar a leer sin saber nada salvo su título. Y quizás ni eso.

No es una novedad, para quienes ya hayan leído a Juan Gómez-Jurado, que su destreza a la hora de escribir es dificilmente superable. Hace magia con las palabras. A veces te descubres leyéndole y pensando "¿cómo narices ha hecho eso?". Y no lo descubres, por más que releas. Te deja así, con esa cara bobalicona de quien acaba de presenciar un buen truco de magia. Realmente, en ocasiones más que palabras lo que te ofrece Juan Gómez-Jurado son caminos. Y eres tú quien los recorre.

Cicatriz no es diferente. Desde que empecé a leer he tenido la misma sensación: la de estar en lugares a los que no sabía cómo había llegado. De repente mi habitación había desaparecido y allí estaba yo, en un barrio marginal de Chicago. O en la fría Ucrania. Es esa manera de escribir la que engancha: la que te transporta. Ese es el don de Juan. Y, de verdad, creo que podría conseguirlo hasta escribiendo prospectos médicos.

Pero resulta que lo que hace es escribir novelas. En este caso un thriller. O eso dicen. A mí me parece más una historia de amor. Creo que es lo que motiva cada acción de esta historia. Pero no quiero hablar más de la cuenta.

Pertenezca al género que pertenezca, lo que sí tengo claro es que Cicatriz es una buena historia contada por un gran narrador. Y eso es algo que difícilmente puede salir mal.

Lo que he aprendido

Sé la persona que te gustaría conocer. Dedica tiempo a estudiarte, a comprenderte, a reconocerte. Aprecia tus virtudes, analiza tus defectos y, si algo no te gusta, cámbialo. Evoluciona. Madura. Crece. No permitas que nadie te etiquete. Quiérete. Aprende a decir que no. Pierde el miedo a decir sí. Arriesga.

No permitas que los finales te dejen sin principios. Acepta que todo acaba, que incluso tú lo harás algún día. No hipoteques tu futuro para tratar de salvar tu pasado. No encierres tus posibilidades tras el muro de tus desengaños. Nunca dejes de intentarlo. No tengas miedo a perder porque entonces es cuando lo perderás todo.

No te aferres a nada que no puedas llevar en tus bolsillos. Que todo lo que se pueda pagar ya lo venderán en alguna otra parte. No te ates a un lugar ni a una idea. Que lo que otros esperan de ti no se convierta en tu prisión. Toma tus propias decisiones. Responsabilízate únicamente de tu propia felicidad. Ve donde quiera que te lleven tus pasos. Que lo que de verdad importa, lo único que importa, caminará contigo.
 
Atrévete a dar ese paso. No esperes a que la vida sea quien te empuje, que siempre es más dura una caída que un salto. Pero, si tienes que caer, aprende. De cada golpe, de cada herida. Aprende a ponerte en pie y a empezar de cero. Aprende que a veces un final es el único principio posible. Aprende a reconstruirte, a coserte las heridas. Aprende que eres quién eres por todo lo que has ganado, pero también por todo lo que has perdido. Y que, con el tiempo, entenderás que no tener ni un rasguño es la peor de las derrotas. Porque todo lo que importa deja huella, nos araña, nos rasga hasta penetrar en nuestra piel.

Permanece alerta. Si tus días empiezan a parecerse demasiado los unos a los otros: huye. Y huir no significa necesariamente irse. A veces se puede escapar y permanecer. Que es más una cuestión de actitud que de movimiento.Y sé que lo que digo no es fácil. Que da miedo, que resulta incierto. Que es como pedirte que saltes al vacío con los ojos vendados. Que es arriesgado. Y sí, claro que lo es. Lo seguro, lo cierto, lo fiable es lo que tienes. Ya sabes cómo son tus días. Conoces tus rutinas. Tus tristezas, tu resignación. Conoces el recorrido exacto que hacen tus lágrimas al caer. El punto justo donde comienza a oprimirte el pecho la angustia. Puedes quedarte exactamente donde estás. Seguir siendo soportablemente infeliz el resto de tu vida, si es lo que quieres. Si es lo único que te atreves a ser.

Hogar


Tú no lo sabes aún, pero a veces me evaporo. Y vuelvo a caer al rato en forma de lluvia, como si en las nubes de mis ojos se hubiera formado una tormenta de verano. Me inunda hasta por dentro esta forma de llover o será que soy de agua por lo que nunca estoy seca, pero tú eres capaz de bucearme hasta en una única gota. Siempre llegas a mí sin paraguas, en camisa, como si no temieras empaparte con mi lluvia.

Me van secando poco a poco tus palabras. Y al abrigo de tus caricias encuentro el calor que me falta. 
Entonces sé que el único techo que necesito es tu barbilla cuando me refugio entre tus brazos.Que me sobran las paredes si me envuelve tu latido. Que tú y yo convertimos en hogar un abrazo.



Relojes



Hace mucho que la medida de mi tiempo dejaron de ser los segundos, los minutos, las horas... Me paraste los relojes. Arrancaste el minutero para erizar con él mi piel. Los días dejaron entonces de ser días para convertirse en instantes. En conversaciones. En momentos. Y se me fue olvidando el sonido del tictac, se me fue acostumbrando el oído a ese ruidoso silencio que hacían las horas al convertirse en suspiros.

Será que al quedarnos sin tiempo se deshizo el huso horario por lo que perdimos la distancia. Los kilómetros se convirtieron en imaginación y los milímetros en ganas. Nos quedamos sin unidades de medida que supieran contenernos y tuvimos que inventarnos otras nuevas. Y empezamos a medirlo todo en nosotros. Las sonrisas, los besos, las caricias, los recuerdos... que ninguno de los dos quería contar ya entonces nada que no nos contuviera.

Y me gusta cuando acaricias mi muñeca como recalcando esa ausencia. La que dejaron los relojes que detuvo tu llegada. Cuando me quedé sin horas, contigo.

Juntos



Como mujer que soy, sé perfectamente lo que es vivir con miedo. Sé lo que se siente al leer una noticia sobre violencia de genéro y pensar que podría haber sido cualquiera de mis amigas o conocidas, quizás yo misma. Sé lo que es ser educada en una sociedad que enseña a la mujer a defenderse, a ser precavida, a ser cauta. Sé lo que es disculpar conductas claramente reprobables por miedo a parecer una histérica o una exagerada. Sé perfectamente lo que significa ser mujer, llevo treinta años aprendiéndolo.

Y me duele cada muerte de una mujer a manos de un hombre. Me duele porque me siento víctima yo también, víctima de una sociedad que dejó a las mujeres maltratadas a su suerte durante décadas, que las estigmatizó, que las hizo avergonzarse de su condición. Una sociedad de la que se empiezan a arrancar las malas hierbas, pero de la que aún quedan las raíces.

Me duele oír comentarios machistas, leer noticias que prueban la desigualdad existente y, sobre todo, me duele escuchar a mujeres como yo defender ese machismo, conservarlo.

Con todo, no creo en el odio. No creo que esto sea una lucha de sexos. Creo que es un problema real, trágicamente real, un problema de todos. Es un problema de las mujeres, sí, pero también de los hombres. De los hombres, los hay, que no quieren que una mujer sienta miedo a cruzarse con ellos de noche. De los hombres que no quieren sentirse parte del problema porque desean ser parte de la solución.Que no quieren que sus hijos sean educados como agresores, que no quieren que sus hijas sean educadas como víctimas. Esto nos incumbe a todos y sólo entre todos lograremos erradicar este mal.

Sé que es difícil razonar después de tanto dolor, de tanto miedo, pero esta no es una batalla que podamos emprender solas. Necesitamos que los hombres también se impliquen, necesitamos que ellos formen parte de este cambio y, sobre todo, que comprendan que a ellos también les afecta.Y, como sociedad, necesitamos analizar nuestras conductas. Necesitamos ser conscientes de que existe un problema para poder empezar a buscar entre todos la solución. Todos hemos presenciado alguna conducta machista que hemos pasado por alto. Tenemos que dejar de tolerarlo. No condenemos a las personas por pertenecer a un sexo u otro, condenemos los hechos, las actitudes machistas. Seamos parte de la solución, juntos.


Ausencia

Se van a quedar conmigo los silencios. Los vacíos en los lugares que te contenían. Los huecos, todos los maditos huecos. Aquella tarde, la que por ignorancia dejé pasar de largo. O por miedo, no sé. Me aterran tanto los finales que poner el punto que los delimita me hace sentir un poco más segura. Como si así los hiciera míos o un poco menos definitivos. Ya no importa. Ahora está todo en una bolsa de basura negra. Una caja de madera caoba. Un piso vacío al que nadie quiere volver. Los huecos, joder, los malditos huecos. No es la pérdida, es la ausencia. No son las despedidas, es lo que queda después. Esa nada. Esa carencia. A veces pienso que mientras no me enfrente a tus huecos no te habré perdido. Estarás ocupando el espacio que te corresponde en mi cabeza. Y todo estará bien, todo seguirá en su sitio. Tú en el viejo sofá, yo en cualquier otra parte. Y la posibilidad de tenerte seguirá estando ahí, de algún modo. Como si no ver dónde me faltas te retuviera a mi lado inciertamente.


La sociedad de la desinformación

Estamos adoctrinados, aunque nos pese. Nos hemos acomodado a esta sociedad acelerada, acostumbrándonos a consumir la información envasada al vacío que nos ofrecen los medios de comunicación y los tertulianos más televisivos. Información a la medida de una sociedad de consumo que necesita productos de rápida asimilación. Ideas precocinadas, ideologías prefabricadas, de asimilación rápida.

Nos convertimos, sin saberlo, en marionetas de ese teatro de títeres que manejan siempre manos ajenas. Nos alienan, nos radicalizan, nos convencen. Implantan sus ideas en las nuestras a base de portadas, de argumentarios, de sentencias. Mentiras repetidas hasta la saciedad que terminan por convertirse en verdades. Verdades tan mutiladas que apenas conservan un hilo de su esencia.

La información queda oculta tras una avalancha de desinformación que nos desborda, que nos deja en los titulares de una realidad incierta. Bocados rápidos de digestión inmediata, para una conversación de ascensor o un café rápido. Un tuit, un estado de facebook. Ni siquiera necesitamos escribir: basta con pulsar un botón para compartir esa bomba desinformativa que ni siquiera hemos leído. Y da igual, porque nadie va a leer más. No tenemos tiempo, ni curiosidad, ni ganas de estar buscando una verdad que, hoy día, parece más cara que la honradez.

Ya lo decía Esperanza Aguirre en su campaña para las polémicas elecciones del pasado domingo: ¿para qué elaborar un programa electoral que nadie va a leer? La condesa conoce bien a su público. Sabe que sus votantes van con la papeleta en una mano y el miedo en la otra. Que no votan porque ella sea la mejor opción, votan porque los otros son peores: bolivarianos, etarras, antidemócratas, antisistema, violentos… A los votantes de Aguirre poco les importa su programa electoral: lo único que quieren es a los perroflautas fuera del gobierno de la capital. Han leído en el ABC o en La Razón que su candidata, esa jueza a la que nadie conoce, quiere liberar presos etarras o que pretenden convertir España en Venezuela. Si su lideresa dice que llueve, ellos sacan el paraguas sin tan siquiera asomarse a la ventana. ¿Para qué? Ya se encargan  otros de pensar por ellos.

Volar

Que yo no quiero cortarte las alas, yo lo que quiero es volar contigo. Agarrar bien fuerte tu mano y saltar cada precipicio que nos encontremos. Que no haya abismo que me frene si estoy a tu lado. Que no haya distancia, ni altura, ni miedo. Que hagamos de los kilómetros centímetros con tan sólo dos palabras. Que hagamos de los centímetros milímetros a base de silencios.

Que yo no quiero relojes, yo lo que quiero son instantes. Y medir el tiempo en sonrisas, en miradas, en besos. Medir el tiempo en nosotros. Que tus dedos marquen los segundos que transcurren sobre mi espalda. Que una hora sin ti no valga lo mismo que una hora contigo. Que cuando cerremos los párpados se paren todos los relojes. Que no exista el tiempo cuando nuestros labios se encuentren.

Que yo no quiero pasado, yo lo que quiero es presente. Crear cada día un poquito de ese pasado que compartimos. Ese hecho de los recuerdos que nos contienen. Y construir un futuro sobre nuestros sueños, castillos en el aire de paseo por Madrid. Y saber que da igual el qué si es contigo, que yo sólo quiero ya el quién. Que yo contigo todo, hasta lo que ni me imagino.

Hogar



Aquello fue como llegar a casa por primera vez, después de haber cruzado el umbral de la puerta mil veces y de haberme descalzado otras tantas, pero siempre era un suelo ajeno el que me esperaba tras la puerta. Un suelo que yo pisaba descalza como si creyera que de aquella manera podría hacerlo mío. Supongo que no entendía entonces que no son las paredes las que hacen un hogar. Que si te aferras a un muro, cuando se derrumba te quedas sin nada.

Pero no eran paredes sus brazos, no. Eran en el lugar en el que yo supe que querría estar toda mi vida. Su cuerpo encajado con mi cuerpo, como un puzzle de carne y huesos. Lo supe. Que aquello se sentía como un hogar. Aunque no estuviera descalza y allí no hubiera nada ni remotamente parecido a una pared.

Luego hubo muchas cosas qué decir. Las palabras iban y venían de su teclado al mío. Y, cuando se empezaron a quedar cortas las palabras, tiré de números. Qué rara es la cercanía cuando está envuelta en distancia. Qué extraño transformar palabras en pulsos eléctricos.

Después supongo que fue inevitable. Yo me quedé sin opciones desde el principio. Así de rendida estaba, por voluntad. Por querer estar donde pisaran sus pies. Que mi hogar tenía su nombre. Que no son las paredes, son las personas. Es la persona.

Auschwitz


Hay algo en los lugares que han conocido de cerca la muerte que no se puede explicar. Lo sentí por primera vez en Hiroshima y volví a sentirlo hace unos días en Auschwitz. Es un silencio. Un silencio que parece ocultarse bajo el sonido. Bajo el ruido de la lluvia al caer. Del viento. De las pisadas de los turistas, de sus murmullos, de las explicaciones de los guías… Un silencio que no se parece a ningún otro. Un silencio que hace estremecer.  Un silencio que acusa una ausencia de sonido. Que pone en evidencia lo que falta, lo que allí se ha perdido. Un silencio que se te clava dentro, que te encoge el estómago. Que te eriza la piel.

Nada de lo que te puedan contar después iguala esa sensación que, más que perseguirte, parece enraizarse en ti. Nada. Ni las miles de maletas vacías que se apilan en una de las habitaciones del campo, con las direcciones y nombres de sus propietarios, como si aún esperasen regresar algún día a ellos. Ni todas esas gafas redondas e idénticas, ciegas ya sin los ojos que un día vistieron. Ni los zapatos amontonados en una inmensa habitación que parece un monumento a tantos pies descalzos que acabaron convertidos en humo. Ni siquiera las casi dos toneladas de cabello humano que se apilan tras el cristal de la última sala, cuya visión te atraviesa como un puñal y te desgarra la boca del estómago sin piedad. El cabello enredado o recogido en minuciosas trenzas que en algún momento los nazis recortaron a los prisioneros para poder venderlos como relleno de colchones o materia prima para hacer fieltro. En la entrada de la sala un cartel prohíbe realizar fotos dentro. No hubiera sido capaz de sostener la cámara. En un instante te derrumbas por dentro, la realidad te golpea: de repente entiendes la magnitud de lo allí acontecido. Y ese silencio cobra sentido. 







Más de 1.300.000 personas fueron enviadas a Auschwitz. Murieron cerca de 1.100.000. A la entrada del campo aún se puede leer “ Arbeit macht frei”.

Treinta



No sé qué será de mí mañana. Supongo que los mismos ojos que hoy me observan desde el espejo me verán despertar, la misma boca que hoy esboza una sonrisa mañana bostezará y estos pies que ahora se descalzan mañana pisarán desnudos el suelo de mi cuarto a la misma hora a la que lo hicieron hoy. Y después me empezará a vestir la treintena. Qué más darán las cifras a estas alturas. Seré yo, la de hoy, la de antes de ayer. La que hace justo un año se enfrentaba a unos veintinueve inciertos, los mismos que hoy se me escurren entre los dedos. Los que amanecieron cubiertos de los pedazos de aquel futuro que se me rompió tras un mal golpe. Poco imaginaba yo que de aquellas ruinas saldrían estos cimientos. Mucho más sólida hoy que entonces, más ubicada. Los veintinueve me trajeron una brújula que parece apuntar siempre a mi sonrisa. Ya entendí que la felicidad consiste en estar en el lugar en el que quieres estar. Y ya. Ese era el secreto: que no eres donde pisas, eres tus pies. Que tu única frontera está en el contorno de tu piel. Por eso ahora me asiento en mí misma y he dejado de tener vértigo desde entonces. Será que ya no me mueve viento ajeno. Será que hice de mis piernas raíces. Que sólo cuando no necesitas que nadie te sostenga puedes empezar a perder el equilibrio en abismos ajenos. Cerrar los ojos, lanzarte al vacío. Saber que los futuros son bellos porque son inciertos y no tratar de hacer con ellos presente. Que los años sólo suman pasado. El ahora no entiende de edades, ni de aniversarios, ni de calendarios. Entiende de experiencia, de recuerdos, de aprendizaje... Entiende que, para ser quien soy ahora, tuve que vivir todo lo que me hizo llegar aquí. A este punto preciso, a este instante justo. Enraizada sobre unos pies que hoy pisan tierra firme y que mañana, quién sabe, tal vez aprendan a volar...

(Podcast) Nosotros, de Yevgeni Zamiatin



Tras mucho hablar de este libro, por fin he conseguido que los chicos de la Biblioteca de Trantor se animen a grabar un podcast propio para esta gran historia.


Aquí culmina mi particular lucha para que esta novela retorne al trono distópico al que pertenece y del que injustamente fue echado por la censura soviética. Es una verdadera lástima que un autor tan brillante como Zamiatin fuera condenado a la muerte literaria por sus propios compatriotas, una prueba más de como la ignorancia de unos pocos puede herir de muerte la historia y la cultura de todo un país.

A fin de cuentas, esta novela va sobre eso. De una manera magistral, Zamiatin nos invita a reflexionar sobre los totalitarismos de cualquier tipo. Sobre como la tonelada aplasta la identidad del gramo. Sobre como el gramo abraza la voluntad de la tonelada. Habla sobre Estados que prohíben aquello que no entienden, sin darse cuenta de que de esa manera lo único que consiguen es mutilarse a sí mismos, limitarse. Habla de seres humanos que, como los números, tienen una parte real y una imaginaria. Habla de revolución, de rebeldía y, sí, también habla de sumisión. Zamiatin nos habla de nosotros. De quienes fuimos, de quienes somos... de quienes seguramente seremos. Y eso hace que esta novela sea tan inquietante, tan imprescindible, tan compleja en su aparente sencillez. 

Podcast: Escuchar… (botón derecho, guardar como para descargar el audio)(1:36:48/49,2Mb)

Bibliografía (por si tenéis interés en saber qué fuentes he utilizado para documentarme)

La increíble y triste historia de la Zambia libre y sus heróicos afronautas.

Ancient and Modern Mathematics in Zamyatin´s We.

Reseña de "Nosotros" por George Orwell

Entrada de "Nosotros" en wikipedia (ENG)

Prólogo de Sergio Hernández-Ranera (ed. AKAL)

Y, si os puede la curiosidad, os dejo las anotaciones que realicé para el podcast.

Espero que os guste. Impresiones y comentarios por aquí, por email o en Twitter.

Por último agradecer a todos los #Nosotronianos su apoyo, no hubiera sido posible que este podcast saliera adelante sin vuestra ayuda. A todos los que habéis leído el libro porque he conseguido que os picara la curiosidad. A todos los que me habéis escrito para compartir conmigo vuestras impresiones. A Félix y a Iñaki, mis becarios preferidos, por hacerme feliz accediendo a grabar un podcast propio para el libro. Y, sobre todo, a mi D-503 particular por aguantarme durante toda la preparación de este podcast, por leerse mis once páginas de anotaciones y encima mejorarlas con sus comentarios. No hay palabras. ¡Mil gracias a todos! :)

Huesos

Se quedó suspendido un instante en el aire, justo antes de evaporarse. Me pregunté si lo recordaría así, como fue justo antes de deshacerse, con ese leve tintineo que lo sostuvo una décima de segundo frente a mis ojos, en el momento exacto en que era todo y nada al mismo tiempo. Después ya no estaba y sólo por eso parecía que toda su existencia se cuestionaba. ¿Qué sería de todo lo que había sido? ¿Habría dejado de existir a la vez? Nunca lo supe. A veces lo recordaba como era justo antes de desvanecerse y nunca me pareció tan brillante como había pensado entonces que era. Todo lo demás, lo de antes de desaparecer era como una historia mal contada: conservaba el argumento, pero los detalles se habían ido disolviendo hasta dejar sólo los huesos. Los huesos de las historias pueden decir mucho, pero raramente dicen nada que importe. Dejé de intentar rescatar todos aquellos detalles perdidos cuando comprendí que jamás los recuperaría intactos. Se habían ido fragmentando en trozos diminutos que, mezclados con el paso del tiempo, dejaban un sabor ácido en mi memoria. Se me hizo raro quedarme con aquella historia famélica y huesuda que ya no me decía nada. El tintineo dejó de brillar y con los años se convirtió en algo así como un parpadeo. Creo que fue entonces cuando pensé que quizás no mereciera la pena escribir historias que estaban condenadas a perderse. Los finales, siempre los finales. Como si el punto que cierra la última frase absorbiera toda la tinta del resto del libro dejándolo en blanco. Libros blancos, de hueso y hambre. Después de aquello sólo pensaba en devorar todos los pequeños detalles con los que me iba encontrando. Aquella sensación terrible de tener siempre el estómago vacío me consumía. Pensé en coserme las tripas, en encogerme hasta ser capaz de saciarme con un simple bocado. Tal vez así podría aprender a conformarme. Tal vez aquello consiguiera que la historia que contaban mis huesos volviera a tener sentido. Pero siempre me dieron miedo las agujas y al final me quedaba con el hilo enredado entre los dedos y la aguja sin enhebrar. Luego todo se volvió confuso. Supongo que aprendí a hacer caldo con mis huesos. O tal vez encontré la manera de calmar el hambre cuando me rugían las tripas. Quizás sólo fuera que acepté que, si quería llenar mi estómago, al final sólo me quedaría con los huesos de otra historia. Huesos blancos, como los libros cuya tinta ha sido absorbida por un punto final.

#RetoDistópico


Con la llegada del nuevo año y porque mi obsesión no conoce límites, se me ha ocurrido lanzar un reto distópico en enero (en principio, si la cosa funciona se podría incluso alargar). La idea es leer una distopía (o verla) a lo largo del mes y poner en común vuestras impresiones sobre la misma. Por supuesto, os recomiendo empezar por mi top 5, aunque más abajo daré más opciones. Todo son sugerencias, podéis innovar cuánto queráis (¡pero no me vayáis a mezclar ciencia ficción o literatura post-apocalíptica!).

-Nosotros, de Yevgeni Zamiatin.
-1984, de George Orwell.
-Un mundo feliz, de Aldous Huxley.
-Fahrenheit 451, de Ray Bradbury.
-Espejismo, de Hugh Howey (en realidad es una trilogía).

De los cuales ya he hablado largo y tendido en anteriores ocasiones pero, si necesitáis que os refresque la memoria, tenéis mi lista de razones por las que deberíais leerlos aquí.

Entendiendo que muchos de vosotros ya las habréis leído (seguramente si os habéis planteado participar en este reto no seáis nuevos en este género), os dejo algunas sugerencias más a tener en cuenta:

-Battle Royale, de Koushun Takami. 

Battle Royale ocurre en una línea de tiempo alterna; según el prólogo del libro, Japón se ha convertido en un estado policial, conocido como la Gran República del Asia Oriental, abarcando ahora no solo el territorio de la isla, sino también lo que anteriormente se conocía como Korea y también poseyendo una gran influencia en el territorio chino. La novela relata la historia de una clase de un colegio elegida para participar en el "juego" llamado Battle Royale. Para controlar a la población, cada año escogen un grupo de alumnos al azar para que luchen a muerte. 42 estudiantes encerrados en una isla. Todo está permitido para ganar.  Tan sólo un estudiante puede sobrevivir.

Tenéis también una película y una serie manga basada en esta novela, por si preferís estos formatos.

- Hijos de hombres, de P.D. James

La capacidad reproductiva de la humanidad ha desaparecido súbitamente. Theo Faron vive en la Inglaterra post-Omega, un período deprimente en el que ya no hay futuro. Resignado, empieza a denunciar en su diario la sordidez de una sociedad en decadencia y el orden que pretende imponer su primo, el Guardián, el temible dictado r de Inglaterra. Todo cambia el día en que un grupo de jóvenes se propone deponer al tirano. Pero los revolucionarios sólo podrán triunfar con la ayuda de Theo.

Bajo mi punto de vista, bastante mejor la película.
 
-El fugitivo, de Stephen King.

A mediados del siglo XXI, un concurso televisivo cuyo principal atractivo es la muerte de los participantes bate récords de audiencia. Ben Richards, padre de una niña enferma y sumido en la más profunda miseria, decide concursar atraído por los extraordinarios premios, aun a sabiendas de que no sobrevivirá. Sometido a una i mplacable persecución, se plantea un único objetivo: resistir tantos días como sea posible para aumentar el premio y asegurar la subsistencia de su familia. Un aterrador futuro donde la televisión es la única realidad. 

La versión cinematográfica es de sobra conocida.

-La naranja mecánica, de Anthony Burgess. 

La naranja mecánica cuenta la historia del nadsat-adolescente Alex y sus tres drugos-amigos en un mundo de crueldad y destrucción. Alex tiene los principales atributos humanos: amor a la agresión, amor al lenguaje, amor a la belleza. Pero es joven y no ha entendido aún la verdadera importancia de la libertad, la que disfrut a de un modo violento. En cierto sentido vive en el edén, y sólo cuando cae (como en verdad le ocurre, desde una ventana) parece capaz de llegar a transformarse en un verdadero ser humano.

La película, dirigida por Stanley Kubrick, es un clásico. 

-Leyes de Mercado, de Richard Morgan.

En un futuro no demasiado lejano, en el año 2041, la tierra está gobernada por poderosas multinacionales. Pese a que todavía existen los gobiernos, estos no son más que títeres en manos de ejecutivos ambiciosos y agresivos. Tan agresivos que los contratos mercantiles ya no se disputan en una sala de reuniones.
En este futuro distópico, si un ejecutivo desea conseguir ese contrato, debe participar en una carrera donde todo vale, incluso matar al adversario. Los coches se han convertido en auténticas máquinas de matar.
Chris Faulkner, protagonista de esta historia, es uno de estos jóvenes ejecutivos. El detesta este modo de vida. No obstante, se ha labrado una gran reputación y gracias a ello es contratado por una de las multinacionales más poderosas. Su puesto de trabajo será en el departamento de inversión de conflictos.
A partir de ese momento, veremos el deterioro moral de Chris. Como, poco a poco, va descendiendo en una espiral de violencia, drogas y sexo, introduciéndose cada vez más en un mundo que odia pero a la vez le hace sentir poderoso.

-El Círculo, de Dave Eggers.

Cuando a una joven le ofrecen trabajar para El Círculo, la empresa de Internet más potente y prometedora del momento, no se lo puede creer. Siendo la base de la empresa un entorno joven, moderno y universitario, la joven descubrirá que no todo es tan reluciente (o privado!) como nos cuentan. Un relato sobre la vida, las nuevas tecnologías, una crítica a las redes sociales y a la carencia de privacidad.

 -Congreso de futurología, de Stanislaw Lem.

Tras un período de hibernación, Tichy es reanimado en el año 2039 y encuentra un mun do en el que impera la paz y reina un bienestar general; en esa sociedad controlada por la “psiquímica”, se aprende y se ama por medio de productos químicos, los sentimientos son manipulados y toda espontaneidad ha dejado de existir. Bajo una apariencia exterior de abundancia y de confort, Tichy descubre, sin embargo, una realidad sobrecogedora que supera a la más fantástica alucinación.

-Las torres del olvido, de George Tuner.

Este título nos lo propone @emenegro. Las gigantescas torres ruinosas y abandonadas que se elevan hacia el cielo en los aledaños de la Melbourne de un futuro lejano son el último testimonio de una civilización que se autodestruyó a mediados del siglo XXI. Un brillante hombre de teatro pretende reconstruir lo que pudo ser la vida humana en aquellos ya lejanos años de convulsiones sociales, trastornos climáticos, superpoblación, carestía e irremediables crisis. Al hacerlo descubrirá nuestro mundo y el de nuestros hijos, el mismo que los habitantes de estas primeras décadas del siglo XXI estamos destruyendo con una extraña mezcla de saña, codicia y estupidez. El círculo vicioso está hoy a punto de cerrarse: faltan sólo unos años.

-El talón de hierro, de Jack London.

Un chivatazo de @multimaniaco. Publicada en 1908, de esta novela dijo León Trotski que era "una brillante anticipación del fascismo". La novela describe un mundo en el que la división entre clases se ha agravado, creando una poderosa oligarquía que mantiene el poder a través del miedo. «El Talón de Hierro» es el nombre que le otorga el obrero revolucionario Ernest Everhard al gobierno que la Oligarquía industrial construye en el siglo XX. El Talón de Hierro crea un sistema social dentro del cual toman la cúspide, y para apoyarse, se rodean con los sindicatos claves (metalurgia, transportes, comunicaciones, etcétera). Estos sindicatos favorecidos se transforman en "obreros de primera clase", frente a los "obreros de segunda clase", que son los sindicatos de otras funciones. De esta manera dividen el movimiento sindical, y gobiernan sin contrapeso posible, ya que los sindicatos favorecidos, sabedores de que sus prebendas derivan de la Oligarquía que rige el Talón de Hierro, se convierte en afín a sus intereses.

-Ready Player One, de Ernest Cline

Me resistía a  meter este libro en la lista porque, aunque el escenario de fondo es absolutamente distópico, la acción se me antoja más como un videojuego que como una distopía al uso. Pero, dado que es uno de los mejores libros que me he leído y, me temo, ha pasado bastante desapercibido para el gran público, lo sumo a la lista con una recomendación muy personal: leedlo, insensatos.
La trama, prometedora: Es el año 2044 y el mundo es un desastre. Las fuentes de energía fósiles están prácticamente agotadas y el precio del combustible está por las nubes. En medio de una enorme depresión a nivel mundial la mayoría de la gente subsiste como puede. Sin embargo un videojuego de realidad virtual llamado OASIS proporciona la vía de escape que las personas necesitan. La gente dedica más tiempo al juego que a la vida real misma. El juego ofrece todas las posibilidades imaginables y cualquier cosa es posible. El creador de OASIS es un enorme fan de los años 80, así como un fantástico programador de videojuegos que amasa una inmensa fortuna con su compañía GSS, que tiene como obra maestra OASIS. Tras su muerte se anuncia en un vídeo que el juego contiene un Huevo de pascua. Quien lo encuentre heredará toda su fortuna. El tiempo pasa hasta que tras cinco largos años Wade Watts, quien decide como tantos otros lanzarse a la carrera para encontrar el Huevo de Pascua, de pronto logra resolver uno de los rompecabezas que le acerca más a su meta. La competición es encarnizada entre los sixers, los empleados de una empresa llamada IOI que pretende hacerse con el control de OASIS, y los gunters, todas las demás personas, sea individualmente o en clanes. Así comienza una carrera frenética en la que la única solución para sobrevivir es ganar.


Para los más jóvenes también hay opciones. Os propongo dos sagas juveniles:

-Los juegos del hambre, de Suzanne Collins.

Los juegos del hambre se desarrolla en un país llamado Panem, lo que es en realidad una civilización postapocalíptica ubicada en lo que antes era América del Norte. El territorio se comprende de El Capitolio, que es la central del país, y trece estados que están bajo su control, los cuales son llamados distritos. Hace cerca de 100 años, el Distrito 13 inició una rebelión ante El Capitolio, donde se perdieron una enorme cantidad de vidas, además de la destrucción total de dicho distrito. Como castigo para evitar otros futuros levantamientos, El Capitolio creó un evento llamado «Los Juegos del Hambre», en donde anualmente los doce distritos sobrantes deben enviar dos tributos, un chico y una chica con edades entre los doce y los dieciocho para que lucharan a muerte en una arena hasta que solamente quedara uno, mientras todo Panem los observa a través de televisión.

Disponible en versión película, cómo ya sabréis.

-Divergente, de Veronica Roth.

Una futurista ciudad de Chicago tiene la población dividida en facciones, grupos de personas con singulares valores culturales, religiones y conductas. Cuando los jóvenes cumplen dieciséis años deben asistir a una Prueba de Aptitud la cual determina a qué facción pertenece cada uno, eligiendo vivir en la otra facción o quedarse con sus padres.

También hay película de esta saga.

Y, porque no todo van a ser novelas, podéis optar por alguna de estas opciones:

-Akira, de Katsuhiro Otomo.

Este manga se desarrolla en un ficticio1988. El mundo está al borde de la destrucción absoluta. La tecnología avanzada fue la causa de una terrible explosión que desencadenó una guerra nuclear y devastó las grandes ciudades del planeta. Treinta años después, sobre las ruinas de Tokio, se alza la megalópolis de Neo-Tokio, una ciudad opresiva e inhumana cargada de problemas como el desempleo, la violencia, la droga y el terrorismo. Las sectas religiosas y los grupos extremistas, aprovechándose de la insatisfacción de los ciudadanos, cultivan el mito de Akira, un "niño cobaya" depositario de la "energía absoluta" cuya resurrección significaría para Japón el amanecer de una nueva era.

-V de Vendetta, de Alan Moore y David Lloyd.

La historia de esta novela gráfica está ambientada en Gran Bretaña durante un futuro cercano y tras una guerra nuclear parcial, con gran parte del mundo destruido. En este futuro, un partido fascista ostenta el poder en el Reino Unido. Un misterioso revolucionario apodado "V", oculto tras una máscara de Guy Fawkes, empieza una elaborada y violenta campaña con el fin de derrocar el gobierno e incitar a la población a adoptar un modelo político-social diferente.

Su versión cinematográfica es de sobra conocida también.

-Watchmen, de Alan Moore.

Me llega esta propuesta por parte de @Elexpecial. Watchmen presenta una historia alternativa donde los superhéroes surgen en los años 1940 y 1960, ayudando a los Estados Unidos para ganar la Guerra de Vietnam. El país se está desplazando hacia una guerra nuclear con la Unión Soviética, los vigilantes disfrazados han sido declarados ilegales y la mayoría de los superhéroes anteriores se encuentran en retiro o trabajan para el gobierno. La historia se centra en el desarrollo personal y de las luchas de los protagonistas como una investigación sobre el asesinato de un superhéroe patrocinado por el gobierno que los saca de su retiro, y, finalmente, les lleva a enfrentarse a un complot que evita la guerra nuclear matando a millones de personas.


O, si lo preferís, por una película. Tenéis las adaptaciones anteriormente mencionadas o estos otros títulos que os sugiero a continuación.

-Rompenieves.

Un fallido experimento para solucionar el problema del calentamiento global casi acabó destruyendo la vida sobre la Tierra. Los únicos supervivientes fueron los pasajeros del Snowpiercer, un tren que recorre el mundo impulsado por un motor de movimiento eterno.

Podéis escuchar el podcast que grabé en colaboración con La Biblioteca de Trantor aquí. Además, es la Adaptación de la novela gráfica "Le Trasperceneige", escrita por Jean-Marc Rochette y Jacques Loeb.

-Total Recall.

En el año 2084, la guerra química devasta la tierra. Hay poca tierra habitable restante y se divide en dos territorios - la Federación Unida Británica (FUB) y la Colonia (Australia). Muchos residentes de la Colonia viajan a la FUB para trabajar en sus fábricas a través de "la caída", un tren gravitacional, que viaja a través de la Tierra. Mientras una resistencia que opera en la FUB busca mejorar la vida en la colonia.
La historia se centra alrededor de un obrero llamado Douglas Quaid, quien, cansado de su trabajo sin futuro y la existencia mediocre, decide visitar Rekall, una empresa de entretenimiento virtual que implanta recuerdos artificiales.

La versión de 2012 (protagonizada por Colin Farrell) es una libre adaptación del relato de Phillip K.Dick "Podemos recordarlo todo por usted". Si bien el relato, a mi parecer, es ciencia ficción pura, esta versión sí que podría ser considerada una distopía, dados los cambios introducidos en ella.  Sea como sea, no dejéis de leer a Phillip K.Dick, un verdadero genio.

-Equilibrium.

Después de una Tercera Guerra Mundial, las emociones humanas han quedado proscritas gubernamentalmente como causa de la decadencia humana, éstas son controladas mediante una droga sintética conocida como 'prozium'. Todo aquel ciudadano que se niegue a mantener su consumo continuado y elija tener emociones libres es calificado como un ofensor de sentidos y castigado con la pena de muerte.
Para vigilar y detener a los ofensores sensoriales, el gobierno (un único patriarca llamado 'padre' y un consejo) ha designado una unidad conocida como el Tetragrammaton compuesta por los clérigos, guerreros entrenados desde su niñez en un arte marcial que combina las armas de fuego, el combate cuerpo a cuerpo y el kendō para vigilar y contener a la humanidad dentro de cada ser viviente en 'Libria'. Al frente de esta unidad, se encuentra el clérigo John Preston  cuyo compañero comienza a comportarse extrañamente después de evitar sus dosis de prozium: ha comenzado a sentir.

Tenéis este magnífico podcast de La Biblioteca de Trantor sobre esta película. Una verdadera lástima no haber podido participar porque es una película para comentar, sin duda.

-La isla.

A mediados del siglo XXI, Lincoln Seis-Echo y Jordan Dos-Delta  son dos de los miles de supervivientes de una supuesta catástrofe ecológica que extinguió a casi toda la humanidad. Viven en un búnker militar bajo tierra junto al resto de los supervivientes y con la esperanza de ser seleccionados para ir a "La isla", el único lugar del mundo que no fue contaminado. Pero la curiosidad de Lincoln lo llevará a descubrir un secreto que pondrá en peligro su vida y la del resto de sus compañeros. Lo único que puede hacer es junto a Jordan, intentar sobrevivir en un mundo nuevo, sabiendo que son perseguidos por una extraña organización que quiere verlos muertos.

-La fuga de Logan

Es el año 2274, una catástrofe ha diezmado la vida en la Tierra. Algunos supervivientes viven en una cúpula gigantesca construida por sus antepasados en las cercanías de la ex capital de Estados Unidos, que los mantiene aislados del mundo exterior. El mantenimiento de la vida está a cargo de computadoras, y los habitantes viven una vida dedicada al ocio y el placer. Para mantener estable el número de habitantes, la reproducción se realiza por clonación, pero la longevidad está limitada a los 30 años de vida. Llegada dicha edad, hay que someterse a una ceremonia semirreligiosa llamada el Carrusel, en la cual hay que lanzarse al vacío de un anfiteatro para desaparecer flotando en el aire entre las aclamaciones de los otros habitantes más jóvenes. En el Carrusel, existe la esperanza del Renacimiento, una creencia en que si un ciudadano ha obedecido las leyes, se reencarnará en un clon que le sustituye. Si alguien desobedece, por el contrario, se considera que "desaparecen para siempre".

-Elysium

En el año 2159, los seres humanos se dividen en dos grupos: los ricos, que viven en la estación espacial Elysium, y todos los demás, que sobreviven como pueden en una Tierra devastada y superpoblada. Rhodes, una dura gobernante, promueve una rígida ley antimigración, cuyo objetivo es preservar el lujoso estilo de vida de los ciudadanos de la estación espacial. A pesar de ello, los habitantes de la Tierra harán todo lo posible por emigrar a Elysium. Max acepta una misión casi utópica, pero que, si tuviera éxito, significaría la conquista de la igualdad entre las personas de esos dos mundos tan opuestos.

-In time

Ambientada en una sociedad futura. El hallazgo de una fórmula contra el envejecimiento trae consigo no sólo superpoblación, sino también la transformación del tiempo en moneda de cambio que permite sufragar tanto lujos como necesidades. Los ricos pueden vivir para siempre, pero los demás tendrán que negociar cada minuto de vida, y los pobres mueren jóvenes. Tras conseguir, por casualidad, una inmensa cantidad de tiempo, Will , un joven obrero, será perseguido por unos policías corruptos, "los guardianes del tiempo". En su huida, toma como rehén a una joven de familia adinerada.

Ya sea leyendo una novela, un cómic o viendo una película, podéis sumaros a este #RetoDistópico utilizando el hashtag en Twitter o publicando un comentario en este post, sólo tenéis que indicar qué título habéis escogido y, si queréis, vuestra crítica u opinión sobre el mismo. No tenéis más excusa para no participar que la falta de ganas ;)